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Archive for 24/12/08

Ya estamos de vuelta tras el periplo asiático, just in time para la nochebuena. Todo fenomenal, chica, la gente entrañable, la comida riquísima, los hoteles super lujosos e ideales, el servicio atento, cosas monísimas en los mercadillos, y los monumentos apoteósicos.

Incluso, y ya es raro, las aerolíneas se portaron excelentemente y no tuvimos un sólo minuto de retraso, hasta una vez llegamos 20 minutos antes de la hora programada, y las maletas nos siguieron fielmente por todo el recorrido. Mi agradecimiento y admiración por ello para KLM y Bangkok Airways. Fuerte el aplauso.

La boda de nuestro amiguete fue un interesante espectáculo, de dos días de duración, con ceremonia tailandesa, budista y católica, seguida de una gran recepción (un protocolo del copón, como dice la legendaria canción de Siniestro “Me pica un huevo”) sin escatimar en gastos, con sashimi y todo. Crisis, what crisis?

En Bangkok poco más hicimos, alguna comprita, un masaje (aunque mejor llamarlo “paliza”) tailandés, una visita al siempre bullicioso e interesante mercado de las flores, y aprovechar cada ocasión para atiborrarnos a currys y demás delicias locales. Lo picante de la comida Thai me sirvió para constatar, una vez más, la gran verdad que encierra este dicho mexicano: “el chile, cuando es bien picante, pica cuando entra y pica cuando sale”.

La situación política por allí, bien, gracias. Si uno no mira la tele ni se entera que hay lío. Uno de los días de nuestra visita coincidió con el nombramiento digital (a dedo) del nuevo primer ministro, por lo visto hubo “ondonadas de hostias” enfrente del parlamento y todo, pero francamente se respiraba un ambiente de lo más normal por toda la ciudad, si es que ese adjetivo encaja en tan prodigiosa urbe. El aeropuerto estaba limpio y reluciente, nadie diría que unos días antes estaba tomado por hordas protestantes.

Lo de la toma del aeropuerto al final nos vino muy bien, porque gracias a eso mucha gente canceló su viaje por la zona y en Angkor había menos de la mitad de turistas de lo habitual, lo cual hizo más grata si cabe nuestra visita. Y eso que aún así estaba petao, con ingentes cantidades de japoneses, chinos y coreanos, casi indistinguibles ellos, pugnando con admirable ahínco por la mejor posición para cada foto.

Pero vamos, lo de Angkor es pa verlo. Im-presionante. De los mejores sitios que he visitado nunca en el apartado artístico-monumental. Un poco ladrillo las largas explicaciones de los bajorrelieves plagados de mitología hindú, que es un lío que te cagas, pero merece la pena el esfuerzo, que hay que culturizarse un poco. Van algunas fotos que he encontrado por la web para que se hagan una idea del esplendor del antiguo imperio Khmer:

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En fin, que todos ustedes pasen felices fiestas (decir “feliz Navidad” es políticamente incorrecto, que lo sepan) y no se me atraganten con el turrón.

Entretanto, les dejo con una bonita escena costumbrista de la que fuimos testigos en tierras camboyanas:

Media mañana ante la entrada este del templo de Ta Som. Una turista holandesa descansa, agotada, sentada sobre una piedra cabe las frondosas ramas de un árbol de algodón de seda. Sudorosa –el tórrido sol tropical ya aprieta con sus flamígeros rayos-, apura una botella de agua y alza la vista para contemplar el magnífico monumento. A su alrededor revolotea un chavalín camboyano de unos 5 años que, inasequible al desaliento, repite una y otra vez su bien aprendido mantra: “ten postcard, one dollar; ten postcard, one dollar”. La paisobajense sólo acierta a agitar levemente la mano, musitando un casi inaudible “No, thanks” que no parece suficiente para espantar al tenaz vendedor.

En esto que se acerca una niña más o menos de la misma edad que el chaval, cargada de baratijas y, tal vez con excesiva agresividad comercial, demanda: “Hello, madam, you buy something from me”. La turista, pelín hartita del acoso, responde un tanto borde: “No, I never buy anything”.

El niño, que observaba atento los avances de su compatriota, saltó como un resorte y espetó: “Yes you buy something sometimes, because you have this, this, this and this”, dijo señalando las deportivas, gorra, gafas de sol y reloj de la neerlandesa. Ante la carcajada general, la pobre miró al cielo como implorando que el mismísimo Vishnu bajase a rescatarla de su agonía.

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