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Archive for 11/02/09

En mi tortuosa relación de amor y odio con las líneas aéreas me han sucedido algunos episodios desagradables y algunos divertidos, por suerte ninguno como el reciente del vuelo US1549, ni nada parecido. Pero lo que me pasó anteayer creo que se lleva la palma en la categoría “raro, raro, raro”.

Estábamos embarcando con 45 minutos de retraso (lo normal últimamente en Iberia), en un vuelo que parecía petao, del verbo “vender-más-billetes-que-personas-caben-en-el-trasto”, así que era un embarque de esos tan graciosos en los que hay una cola monumental y la gente pugna por la posición a codazos, utilizando sus carry-on como cuña o barrera según corresponda. Encima el colega que procesaba las tarjetas y las cotejaba con los DNIs parecía nuevo, e iba más lento que el caballo del malo.

iberia

Me toca el turno y el tío me mira como si hubiera visto un aparecido. Pregunto “algún problema?”, musita “no, nooo,…”, teclea furibundo, como si el ordenador tuviese culpa del retraso, y me dice que pase. Una vez dentro del avión, el típico caos: azafatas ejerciendo de halterófilas búlgaras intentando meter a presión los bultos en el compartimento superior, gente que va en dirección contraria buscando hueco para su mochila, niños discutiendo sobre si yo tengo ventana o pasillo, vamos, todo lo que hace de volar una experiencia tan grata.

Llego a mi fila y veo que hay una señora sentada en mi asiento. Ocurre con cierta frecuencia. Amablemente, le pregunto cuál es su asiento, responde “16F”, el mismo que tengo yo. Oh!, sorpresa. Me enseña su tarjeta y veo que es cierto. Me cagüen tó lo que se menea, ya me han “overbukeado” estos cabronazos. Llamo a una azafata, quien a su vez llama al sobrecargo, quien nos pide las tarjetas a ámbolos dos y aquí llega lo raro: en la tarjeta de la mujer venía mi nombre. Había dos tarjetas de embarque exactamente iguales. Iberia me había clonado y transexuado (y puesto unos 20 años y n kilos más!). El hombre no da crédito, nos pide los billetes y se pira.

A todo esto, ya estaba todo el mundo sentado y, efectivamente, ni un puto asiento libre. Yo de pie en medio del pasillo y la gente, que ya iba calentita con el retraso inicial, lanzándome miraditas furtivas como si la culpa fuera mía, y cuchicheando.

Vuelve el sobrecargo con el novato de la puerta (claro, por eso el tío me miró raro al embarcar, como que ya había procesado una tarjeta con mi nombre…). Le preguntan a la señora: “de dónde ha sacado esta tarjeta?”. La tía les mira con cara de decir “si les parece, la he robado a punta de pistola, no te jode”, pero no, dice: “es la que me han dado al facturar”. Normal, qué iba a decir. Nos piden los DNIs y se vuelven a ir los dos.

Ya habían pasado 20 minutos y el ambiente a bordo se caldea. Suspiros, miradas al reloj, algún murmullo. Vuelven los dos pavos y hacen conciliábulo en la entrada con las azafatas. Una de ellas, muy nerviosa, diciendo “que nos tenemos que ir YA”, los otros gesticulando, como que no se creen lo que está pasando.

Se acerca el sobrecargo y pregunta a la señora otra vez que dónde sacó la tarjeta. Ésta, ya hasta el gorro, dice: “en la máquina”. Se le ilumina la cara al tío y nos muestra los billetes: los localizadores son casi iguales, así que probablemente la buena mujer con sus dedazos morcilleros pulsó la tecla que no era con tal mala pata que le salió mi reserva. Yo facturé en mostrador y supongo que la que me atendió se pensaría que yo había perdido la tarjeta o algo, e imprimió un duplicado. Y el nuevo de la puerta no sé qué coño haría, pero fue incapaz de detectar que el DNI de la señora no coincidía con el nombre en su tarjeta. Viva la seguridad en los aeropuertos.

Así que misterio resuelto. “Ya, muy bien”, digo, “pero dónde me siento ahora”. Nuevo conciliábulo de azafatos y azafatas. Al rato, una de ellas se dirige a un pasajero que está en la primera fila de turista, no sé qué le dice, pero el hombre se levanta y se va del avión. Joder, vale que soy IberiaPlus Oro Masterdelputouniverso, pero no sabía que tenía derecho a que echaran a gente pa sentarme yo! cómo mola.

Me indican que me siente ahí, y al hacerlo me fijo que había unos 6-7 asientos vacíos en business. Alucinante. Flipation of the nation. O sea, que han estado media hora de investigación y han bajado un pasajero cuando tenían sitio de sobra en business. Nontiendo ná.

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Una vez en vuelo, me trataron como un rey: vinieron varias azafatas a disculparse, me dieron la comida y bebida de los de business, periódico, etc. Ya con confianza le pregunto a una por qué siendo yo Oro no me habían dado el upgrade directamente y se habrían ahorrado echar a nadie. Me dice que no pueden, que les tienen terminantemente prohibido dar upgrades a bordo y que a más de una la han sancionado por ello. O sea, sentarme en business no, pero tratarme como si allí estuviera sí. Toma política de reducción de costes absurda.

Para mi tranquilidad, me explicó también que al que habían “echado” del avión era un compañero de Iberia que viajaba de paisano y que accedió a pillarse el vuelo de un par de horas después. Menos mal, porque si no les armo un buen pollo.

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