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Archive for 16/02/09

Últimamente no gano pa sustos. Primero casi me enganchan en un pseudoengaño cibernético, al poco sufro una clonación no deseada y ahora me cae un abuso de autoridad de los gordos. Miren lo que me ha pasado, y flipen en colores:

El incidente sucedió cuando iba yo todo feliz hacia mi puesto de trabajo –todo lo feliz que se puede ir en esos momentos, claro-, al atravesar uno de los múltiples subterráneos que adornan nuestra querida capital del reino.

El túnel este, por el que paso casi todas las mañanas, tiene dos carriles que luego se separan, llevando a sitios distintos. Yo tengo que coger el carril de la derecha, pues el de la izquierda me aleja de mi amada empresa.

Como había lío en el semáforo a la entrada del túnel, tuve que entrar en él por el carril de la izquierda, el que “no es el mío”, para evitar bloquear el cruce. No problem. En el túnel está permitido cambiar de carril, no es la primera vez que tengo que hacerlo. Así que al poco de ingresar en el subterráneo pongo cívicamente mi intermitente derecho y busco hueco entre los coches que circulan por ese carril. Hay tráfico denso, pero ambos carriles se mueven a similar velocidad.

Mi aguzado ojo de superviviente de jungla urbana pronto advierte que un coche que está en el carril deseado, un poco delante de mí, va despacito y ha dejado mucho hueco con el que le precede. Vamos a por él. Pero cuando le estoy rebasando veo que el tío acelera y se mantiene a mi altura, mientras gesticula con el brazo fuera de la ventanilla. “Será que él también quiere cambiar de carril” –pienso- “y lleva el intermitente estropeado, o tiene incapacidad manifiesta para usarlo”. Como buen ciudadano, aminoro la marcha para dejarle cruzarse delante de mí, y de paso ocupar yo su hueco.

Pero no. Cuando yo aminoro la marcha, él también, siempre manteniéndose a mi altura y realizándome un marcaje del que no se libraría ni el “Kun”. Se acerca el final del túnel, yo sigo en el carril equivocado, y el plasta este no me deja en paz y sigue gesticulando, ahora me parece interpretar que intenta decirme que no me va a dejar cambiarme. Reduzco todavía más –me pongo como a 20km/h o así- y por suerte el vehículo que va detrás de mi marcador se apiada y me hace un hueco por el que me cuelo. Menos mal.

Lo peor está por venir. Justo al ver que me he puesto detrás de él, el elemento este frena en seco. Como lo leen. Reacciono a tiempo –gracias San ABS- y también freno, y también los que vienen detrás, por suerte al ir tan despacio nos da tiempo a todos. Y ahí estamos, totalmente parados dentro del túnel. Sinfonía de cláxon a tope, a la que me uno añadiendo ráfagas de luces para nuestro aprendiz de diablo sobre ruedas.

A los pocos segundos reanuda la marcha y nada más salir del tunel nos paramos en un semáforo. Se abre la puerta del vehículo y comienza a salir su piloto. Yo con la adrenalina que se me sale por las orejas, acojonado, pensando con qué tipo de energúmeno atestado de a saber qué sustancias estupefacientes me voy a tener que enfrentar. Nunca me han gustado las peleas, mayormente porque las he perdido casi todas, y ya me veía llegando al curro tarde y con el ojo morado, imaginen el cachondeo.

Y ¡oh!, sorpresa, el que se baja del coche lleva uniforme de ¡¡¡Policía Municipal!!! Por supuesto su coche no portaba ningún cartel o distintivo que lo identificara como tal, así que me quedé helado. Se acercó, con una de las peores caras de mala hostia que he visto en mi vida, vociferando no sé qué de que a ver si aprendía a conducir y que a la autoridad no se le pita y que se me iba a caer el pelo por listillo. Yo, petrificado, sólo acertaba a balbucir “…peero, usteed se ma parao en mitá del túnel y casi nos la pegamooos…”. El tío apuntó mi matrícula en una libreta y se fue cagando leches.

emergencias_policia

Tiemblo sólo de pensar lo que se inventará este cabronazo en el informe que haga, pero me temo que me caerá un rejón de los buenos y, con un poco de mala suerte, una bonita hemorragia de puntos. Porque en el estado de aturdimiento general en el que me quedé no se me ocurrió memorizar su matrícula ni buscar testigos ni nada, así que a ver ahora a quién cree el señor –o señora- juez. Por más vueltas que le doy, no acierto a entender qué –si es que hay algo- es lo que hice mal y por qué este tío la tomó conmigo.

Muy mal tienen que andar las arcas del Gallardón para que tenga que recurrir a estas tretas para sacar cuartos al contribuyente. Será que su guerra de espías con Doña Espe se está yendo de presupuesto…

Así que además de compartir con ustedes esta esperpéntica anécdota les pido que si alguno sabe de estos temas me aconseje sobre posibles medidas para ir armando mi defensa, bien en los comentarios o mediante e-mail a oraculador@hotmail.com. Gracias

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