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Archive for 3/06/09

El DRAE define estraperlo en su primera acepción como “comercio ilegal de artículos intervenidos por el Estado o sujetos a tasa”, y en la tercera añade que también puede significar “chanchullo, intriga”. Dudo que esto le descubra nada nuevo a nadie, todos usamos esta palabra con esos significados y como cuasisinónimo de “contrabando” o “mercado negro”.

En cuanto a su etimología, en principio cabría esperar que como tantas otras fuese derivada de alguna palabra latina o griega, o tal vez una importación del francés o inglés. Pues no. El DRAE ya nos pone sobre la pista del curioso origen del término al explicar que viene “de straperlo, nombre dado a cierto juego fraudulento de azar, que se intentó implantar en España en 1935”.

El Straperlo (también escrito Stra-Perlo) fue una ingeniosa maquinita ideada a principios de los años 30 por dos individuos apellidados Strauss y Perlo. Hay versiones de la historia que dicen que el apellido del segundo era Perl, Perel o Perlowitz, y otras que añaden un tercer personaje, Lowann, esposa de Strauss que al parecer también estaba en el ajo. En cualquier caso es evidente de dónde viene el nombre del aparato. Los pavos estos se decían holandeses, pero no está claro que lo fueran, Strauss por ejemplo tenía nacionalidad mexicana.

Por más que he buscado en los más recónditos recovecos de La Red, no he encontrado ningún sitio que describa en detalle cómo funcionaba el invento. Sólo he averiguado que era algo parecido a una ruleta eléctrica, con una bolita y un cilindro con números, y la gente apostaba a ver qué número salía. Sus promotores argumentaban que no era un juego de azar, sino de habilidad, ya que decían que un avispado observador podría predecir el numerito ganador si se lo curraba, era cuestión de rapidez en el cálculo. En eso tenían parte de razón: no había azar; el juego era una estafa porque el croupier podía hacer que saliera el número que quisiera mediante un botoncito, y así conseguir que ganara la banca. Vamos, que era como los trileros en versión sofisticada.

Los pioneros straperlistas se pasearon por Europa buscando algún casino que instalara su jueguecito, pero en ningún sitio se lo autorizaban; en La Haya y Niza llegaron a utilizarlo y les pillaron enseguida. Así que Strauss se vino a probar suerte (nunca mejor dicho) a España, donde la II República había prohibido los juegos de azar. El primer intento fue a finales de 1933, en Sitges, pero la Generalitat le echó a patadas. Viendo que por las buenas la administración española se resistía, directamente pasó al soborno para conseguir su propósito. Y apuntó muy alto, untando entre otros muchos nada menos que al ministro de la Gobernación (Rafael Salazar) y a Aurelio Lerroux, sobrino e hijo adoptivo del pintoresco presidente del gobierno, Alejandro Lerroux.

Alejandro Lerroux, curioso personaje

Alejandro Lerroux, curioso personaje

Con tan altas influencias de su parte, realizó las gestiones oportunas a lo largo de 1934 y finalmente se puso un Straperlo en el casino de San Sebastián y según algunas fuentes otro en el de Madrid. A las pocas horas llegó la policía y les cerró el chiringuito por estafa. El incansable Strauss no se dio por vencido y fue a Mallorca, donde también consiguió poner la maquinita en el Hotel Formentor, y donde también las autoridades la quitaron al poco tiempo (ocho días duró). Casualidades de la vida, en esos tiempos Paquito, futuro generalísimo, era jefe de la Comandancia Militar de Baleares; una pena que el escándalo no le salpicara lo suficiente -a pesar de que Strauss dijo que estaba implicado- y nos lo hubiéramos quitado de encima 40 años antes!

Viendo que sus chanchullos no le habían reportado los pingües beneficios esperados, y sintiéndose estafado por los funcionarios a quienes sobornó, el despechado Strauss escribió una carta a Niceto Alcalá-Zamora, presidente de la República, contando la historia con todo detalle y reclamando una indemnización por los costes soportados. Vaya morro. Tras la investigación pertinente se descubrió la corruptela, lo que acabó con la carrera política de Alejandro Lerroux y con su partido (Partido Radical), algo que hay autores que aseguran fue una de las causas de la polarización extrema que sufrió después el país y que desembocaría en la trágica guerra civil. Joder con la ruletita de los cojones.

Años más tarde, durante la posguerra, fueron muchos los que se dedicaron al trapicheo con bienes racionados para poder sobrevivir. A falta de mejor nombre les dio por llamar a tal actividad estraperlo, clara señal de que fue un caso con gran repercusión en la opinión pública, y así entró la palabreja en nuestro idioma.

Y les cuento esta historieta porque me parece curiosísimo que una palabra de uso más o menos habitual sea un neologismo tan reciente, y porque me sorprende muchísimo lo poco que se conoce su origen. Fue un escándalo de consecuencias importantes, tanto históricas como lingüísticas, es raro que no se explique con más frecuencia y que tantos detalles de la historia sigan oscuros. Con tanta brasa que nos han dado con la memoria histórica últimamente es muy extraño que no se haya hablado de ello en los medios. Verán como cualquier día algún político saca el caso a pasear en un mitin para llamar corruptos a sus adversarios, que cada vez se remontan a épocas más antiguas para buscar trapos sucios.

Sí hay un libro que cuenta la anécdota en detalle, editado a finales de 2008 con motivo del 75 aniversario del affaire. El título es apocalíptico: “El caso Strauss. El escándalo que precipitó el final de la Segunda República”, el autor es José Carlos García Rodríguez. Igual me lo compro y todo, a ver si ahí se aclaran los detalles que me faltan.

En la blogosfera he encontrado uno, dos y tres posts sobre el tema.

La portada del libro muestra una foto del Stra-perlo

La portada del libro muestra una foto del Stra-perlo

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