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Archive for 15/07/09

Posiblemente ya conozcan esta triste historia, pues ha salido varias veces en los informativos y le han dedicado unos cuantos documentales. Pero no por más conocida me parece menos espeluznante, cada vez que leo algo sobre ello se me cae el alma al suelo. Se trata de la lenta (bueno, no tan lenta…) desaparición del mar de Aral, caso parecido y todavía más trágico que el del Salton Sea, que ya les conté hace algún tiempo.

El viernes pasado el suplemento “Natural” del ABC traía un estupendo artículo sobre los cambios sufridos por el planeta en los últimos años, con fotos comparativas del “antes” y el “después” de tan siniestra operación de estética. El desastre del Aral ocupaba un lugar destacado, con unas fotos impresionantes, y me hizo recordar su historia.

A la izquierda, el Aral en 1998. A la derecha, lo que quedaba diez años después. El tenue trazo gris indica su extensión original

A la izquierda, el Aral en 1998. A la derecha, lo que quedaba diez años después. El tenue trazo gris indica su extensión original

Hasta los años 60 este mar era el cuarto lago por extensión del mundo, con una superficie de 68.000 kilómetros cuadrados, que para que nos entendamos equivale a un poco más del doble de Cataluña. En ese momento el Aral estaba íntegramente en territorio de la Unión Soviética (hoy, lo que queda se reparte entre Kazajstán y Uzbekistán), y eso fue lo que selló su destino, ya que los iluminados gobernantes de dicho estado decidieron que tanta agua junta pa qué, y desviaron el curso de los dos grandes ríos que lo alimentaban, el Amu Darya y el Syr Darya, creando una inmensa huerta en la zona para mayor gloria de la dictadura del proletariado. El cultivo más extendido era el de algodón, bautizado en la zona como “oro blanco”; Uzbekistán es todavía hoy uno de los mayores exportadores de este vegetal.

Tan desafortunado plan se gestó ya en 1918, aunque la construcción de canales a gran escala no comenzó hasta los años 40. Al más puro estilo soviético, los canales eran bastante chapuzas y perdían casi más agua de la que transportaban, con lo que cada vez había que desviar más agua. Los efectos de este continuo trasvase empezaron a notarse a principios de los 60, cuando el Aral comenzó a encoger.

Poco a poco el mar se iba secando, ya que apenas llegaba agua de sus ríos tributarios, disminuyendo su nivel unos 20cm al año entre 1960 y 70, 55cm al año en los 70, y casi 90 cm/año en los 80. Esta aceleración en la mengua del lago es debido a que el flujo de agua que se extraía de los dos ríos crecía sin parar, en el 2000 fue el doble que en 1960. La producción de algodón de la zona también se dobló entre esos dos años. Por el contrario, la otrora boyante industria pesquera del Aral iba evaporándose al mismo ritmo que sus aguas. Llegó a producir la sexta parte de todas las capturas de la Unión Soviética y hoy en día es prácticamente inexistente.

En 1987 el Aral quedó dividido en dos lagos: Aral Norte y Aral Sur, el último de los cuales se volvió a dividir en zona Este y Oeste en 2003. La zona Este ya se ha evaporado casi en su totalidad y se cree que la Oeste resistirá más, aunque sigue menguando.

Todo esto no fue ninguna sorpresa, ni fruto de ningún error de cálculo. Era parte del plan. Los ingenieros que diseñaron y ejecutaron el proyecto sabían que el mar desaparecería. Consideraban el Aral un “error de la naturaleza”, así que poco se hizo por evitar su declive, y el tímido plan que se diseñó en los 80 fue abandonado por su elevado coste, inabordable en plena crisis de la URSS. De hecho, el mar está tardando en desaparecer más de lo previsto porque existen manantiales subterráneos desconocidos hace 50 años que todavía lo alimentan.

El agua que queda está cada vez más contaminada con fertilizantes, pesticidas y mierdas varias, y su salinidad se ha disparado; en algunas zonas llega a triplicar la de los océanos. En esas condiciones, la mayoría de bichos que habitaban en él han desaparecido hace tiempo, sólo el Aral Norte conserva peces. Encima, el lecho del mar que queda al aire tiene tanta porquería que es un peligro para la salud pública. La sal se incrusta por todas partes y obliga a utilizar cada vez más agua para los cultivos, lo que acelera la desaparición del lago. El clima en la zona se ha endurecido, los inviernos son mucho más fríos y los veranos tórridos, al haberse perdido la función atemperadora del agua. Así que los habitantes de por allí están contentitos con el embolao, vaya.

En la mayoría de mapas se empeñan en seguir mostrando el Aral como era hace 50 años

En la mayoría de mapas se empeñan en seguir mostrando el Aral como era hace 50 años

En 2005 Kazajstán comenzó un plan para recuperar la zona norte del lago (que es “la suya”, los uzbekos que se busquen la vida…), haciendo una presa que la aísla totalmente de la zona sur, la cual está condenada a desaparecer casi por completo. Este era el tercer intento de “blindar” el Aral Norte, los dos anteriores fracasaron estrepitosamente. Parece que a la tercera va la vencida y los resultados son esperanzadores: en las fotos se aprecia que el Aral Norte ha crecido algo en los últimos años y lo seguirá haciendo, sobre todo porque en teoría este año se inaugura un nuevo dique.

Hoy en día sólo queda un 10% de este otrora inmenso lago. De ocupar más del doble de Cataluña ha pasado en 50 años a ser como la provincia de Segovia.

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