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Archive for 13 marzo 2010

Hace algo más de una semanita, mi últimamente muy ajetreada vida profesional me llevó a pasar unos días en París. Coincidió mi visita con la glamourosa Fashion Week, que por lo visto se celebra en la bella Ciudad de la Luz varias veces al año. Yo, como es normal, no tenía ni puta idea de que existiera tal evento y alucinaba con la cantidad de bigardas austrohúngaras despampanantes que pululaban por todas partes, hasta que me explicaron de qué iba el rollo.

Entre soporíferas reuniones y largas jornadas currando hasta en la habitación del hotel, tuve tiempo de pasear un poquito y admirar la refinada elegancia de esta urbe, mientras se me iba la vista tras los múltiples pares de luengas piernas que, joviales, taconeaban implacablemente sobre el empedrado de los bulevares en todas direcciones.

Y, paseando, paseando, me encontré frente a este escaparate cerca de la iglesia de La Madeleine. Observen el provocador display:

Dan ganas de cantar aquello de "no me gusta que en los toros te pongas la minifalda"

Ahora que en nuestro país se discute tanto sobre si la Fiesta Nacional debe prohibirse o elevarse a categoría de Bien Cultural, van los gabachos y la lían con el escaparatito este. Siempre jodiendo, los tíos. Toda una nueva vuelta de tuerca al debate: a los que dicen que los toros son rancios y casposos, toma inyección de diseño internacional topmodelista superfashion; a los que defienden la tradición y la consideran reserva inalterable de los valores patrios, toma matadora en paños menores arrancándose por chicuelinas.

Si es que son como niños. Pa mí que la movida esta con los toros es simplemente otra de las numerosas maniobras de distracción que se sacan los políticos de la chistera para evitar hablar de cómo van a resolver la crisis, que están más perdidos que un pingüino en una plaza de toros.

Yo no soy muy taurino que digamos, aunque las escasas veces que he ido a un coso me lo he pasado teta, pero el alma anarco-revolucionaria que se esconde tras mi acomodada existencia pequeñoburguesa se rebela insolente ante cualquier prohibición de Papá Estado para reconducirnos al redil de lo políticamente correcto. Sea con los toros, el alcohol, el tabaco, las lenguas, la velocidad, las drogas blandas, la discriminación positiva o lo que se tercie, me toca bastante los huevos el actual exceso de regulación en espacios hasta ahora reservados al albedrío de cada individuo. Así que igual me da por abonarme a San Isidro, sólo por llevar la contraria.

Lo que sí tengo muy claro es que si alguna vez debo reencarnarme en ganado bovino, elegiría mil veces antes ser toro de lidia que vaca frisona.

PD: no puedo despedir este post sin un sentido y sonoro ¡¡Olé tus huevos, Olympique!!

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