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Archive for 11/08/10

Todo el mundo sabe contar. O al menos eso asumimos. Si a cualquiera le pedimos que cuente un conjunto de cosas que le pongamos delante de sus narices, normalmente, salvo despiste, lo hace bien. Sin embargo, la cosa parece complicarse cuando en lugar de contar elementos discretos (dedos, monedas, pepinos, votos en el Parlament, etc) se trata de variables continuas, que admiten puntos intermedios, como ocurre al medir el tiempo o el espacio.

Un ejemplo histórico es la famosa afirmación cristiana de que Jesús “resucitó al tercer día”, la cual refleja una peculiar forma de contar el tiempo. Analicemos el caso: asumiendo que lo que cuentan los evangelios sea rigurosamente cierto  -que ya es mucho asumir-, Chus murió un viernes al anochecer y el domingo al alba ya había resucitado. La cuenta clásica es que el primer día es el viernes, el segundo el sábado y el tercero el domingo. Voilà.

Sin embargo, si medimos el tiempo exacto entre los dos eventos, sale la mitad: dado que los hechos sucedieron en pascua, y que ésta cae cerca del equinoccio (cuando día y noche duran lo mismo), podemos deducir que el redentor pasó muerto unas 36 horas (6 del viernes, 24 del sábado y 6 del domingo). Aunque hay rumores de que no estaba muerto, que andaba de parranda, pero eso es otra historia. Total, que de los 3 días de la versión oficial nos quedamos en día y medio si hacemos bien las cuentas. Viene a ser como lo de las agencias de viajes cuando te venden unas vacaciones de “7 noches/ 8 días” y luego en realidad pasas poco más de 6 días en el lugar de destino.

En las manifas sí que a nadie le salen las cuentas de cuántas personas hubo. A ver, ¿cuántas hay aquí?

Los comentaristas deportivos, cómo no, también suelen hacerse pequeños líos contando el tiempo. El más frecuente es cuando te dicen, por ejemplo, que un gol marcado a los 23 minutos y 40 segundos de comenzado el partido se marcó “en el minuto 23”, cuando lo correcto es decir que se ha marcado en el minuto 24.

Midiendo el espacio sucede algo parecido. Un restaurante que esté situado, por ejemplo, a 145,7 kilómetros del inicio de una carretera, seguramente se anunciará como situado “en el kilómetro 145”, y realmente está en el 146. Esto es tan común y ya nos hemos habituado tanto a ello que si algún hostelero decidiese indicar el kilómetro correcto sus clientes probablemente se perderían.

Seguramente el más famoso de este tipo de errores sea el de los millones de personas que estaban convencidas de que el 1 de enero de 2000 empezaba el siglo XXI. En realidad no comenzó hasta el 1 de enero de 2001, ya que el 2000 todavía pertenecía al siglo XX. Lo bueno de este fallo es que pudieron celebrar tan magno acontecimiento dos veces, así que todos tan felices.

Curiosamente, la forma en que enunciamos la edad de las personas es distinta de la que usamos para el calendario. Nadie dice “estoy en mi cuatrigésimo segundo año de vida”, sino “tengo 41”. Con el calendario es al revés, decimos que estamos en 2010, no que “tenemos 2009”. Eso lía todavía más las cosas y hace que la gente se confunda a la hora de determinar, por ejemplo, cuándo una persona entra en su cuarta década de vida, que es tras haber cumplido los 30. Sin ir más lejos, la semana pasada tuve que aclarar dicho punto en el blog de barbijaputa a otro comentarista, cuyo empecinamiento en el error me llevó a reflexionar sobre toda esta sarta de pedanteces que les acabo de explicar, así que si este post les parece un coñazo ya saben de quién es la culpa.

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