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Archive for 4/09/10

Desafiando a la crisis, Michurri y yo decidimos tirar la casa por la ventana y escaparnos de vacaciones a Seychelles unos días el pasado mes de agosto. Estuvimos en Denis Island, un lugar mágico que une a los valores tradicionales de este archipiélago (sol, magníficas playas, cristalinas aguas) el de ser una joya de la naturaleza.

Denis vista desde la avioneta, el norte a la derecha

Denis es una isla coralina de tan sólo 1,4 kilómetros cuadrados situada en el extremo norte del país, un pasito por debajo del Ecuador. No se tiene constancia del paso del hombre por este vergel hasta 1773, año en el que el explorador francés Denis de Trobriand puso su pie en él, dándole su nombre. Inicialmente la isla fue explotada para extracción de guano, y luego como plantación de coco. Quedan como únicos vestigios de esta época las ruinas de un pequeño poblado con su cementerio y todo, un faro de 1910 y algunos cocoteros que se optó por conservar cuando se repobló la isla con flora autóctona hará unos 30-40 años.

Mapa del archipiélago principal de Seychelles

Hoy en día Denis presenta un aspecto probablemente muy similar al que tenía cuando fue descubierta. La gran mayoría de la isla está cubierta con un tupido bosque tropical que es posible visitar recorriendo los senderos que lo atraviesan. La única presencia humana está en la parte norte de la isla, donde hay un pequeño hotel de 25 habitaciones que combina sabiamente un lujo discreto con el respeto a la naturaleza que lo rodea. Además de dedicarse a mimarnos a los afortunados huéspedes, este establecimiento participa en un exitoso programa de conservación que mantiene la isla como un paraíso natural y que contribuye a la protección de especies endémicas en peligro de extinción.

En Denis pueden verse aves, reptiles y plantas que sólo se encuentran en algunas islas de Seychelles. La especie más espectacular tal vez sea la tortuga gigante de Aldabra, un bicharraco que cuenta sus años y sus kilos por cientos. Existe en la cercana isla de Bird un espécimen de casi 300 kilos que se cree que tiene entre 170 y 200 años, considerada la tortuga viva más vieja del mundo. En Denis hay un ejemplar de unos 120 años que está todavía en plena forma: pudimos comprobarlo viéndole montando a una hembra como un machote.

Pero sin duda la atracción principal son los pájaros. Hay aquí 5 especies endémicas de Seychelles, dos de las cuales fueron rescatadas del mismo borde de la extinción, además de muchas otras aves típicas del Índico occidental. Destaca el carricero de Seychelles, del que a finales de los 60 quedaban menos de 50 ejemplares en todo el mundo, todos en la pequeña isla de Cousin. Tras un ambicioso programa de reintroducción en otras islas, Denis entre ellas, hoy en día hay casi 3.000 de estos pajarillos, los cuales para indocumentados como yo son parecidos a un gorrión. Es una de las mayores historias de éxito del conservacionismo moderno.

No menos importante es la shama de Seychelles, que en los 70 contaba con sólo 16 supervivientes, todos en Fregate Island. Pese a los enconados esfuerzos por preservar la especie y extenderla a otras islas del archipiélago, en los 90 sólo se había aumentado su número a 23. Por suerte últimamente las cosas pintan mejor y se cree que hay ya unos 200 ejemplares, 24 de ellos en Denis.

Shama de Seychelles. De tanto estudiarlos, los pobres llevan más anillos que un rapero

Debajo del agua también hay mucho que ver. A pesar de que agosto es de los peores meses para el submarinismo, pues los vientos del sudeste alborotan el mar y la visibilidad es bastante reducida, hicimos algunas inmersiones memorables. Pudimos ver decenas de tiburones (tres especies distintas en una sola inmersión), atunes, múltiples tortugas, mantas, rayas, langostas e incluso un marlín negro. Todo ello acompañado de cantidad de peces de colores y bichos varios de desconocido nombre. La pena es que el coral está muy dañado en estos lares por culpa del famoso El Niño de 1997-98, que en Seychelles hizo estragos.

Para los aficionados a la pesca Denis es como Disneylandia, sobre todo en esta época del año. La isla está en el borde de la plataforma de las Seychelles, así que no muy lejos de ella hay profundidades de 2.000 metros donde abundan los grandes peces. De hecho, no demasiado lejos de aquí faenan el Alakrana y otros barcos regularmente acosados por los piratas somalíes. La pesca es junto al turismo la principal fuente de ingresos del país. Nosotros sacamos 12 bestias de cuidado en una mañana, entre petos (wahoo en inglés) y atunes de aleta amarilla, de 8 kilos el más pequeño y 20 el más gordote, y se nos escaparon dos enormes peces vela. Terminé con los brazos como gelatina. Lo mejor fue zamparse tan sabroso botín, atracándonos a sashimi durante los siguientes días.

Wahoo (peto) de 20 kilitos

En lo que no tuvimos suerte fue en ver tortugas marinas desovando en la playa. Hicimos un largo paseo nocturno a la luz de la luna por si sonaba la flauta pero no pudo ser, y eso que aquí vienen con relativa frecuencia durante todo el año, ya sea la tortuga carey o la verde. Tampoco pudimos hacer el paseo guiado con uno de los naturalistas que residen permanentemente en la isla, realizando tareas varias de seguimiento de las especies más delicadas, pues no es fácil encontrar un hueco en su agenda y encima el hombre no se encontraba bien.

En fin, que recomiendo vivamente una visita a este edén a todos los amantes de la naturaleza (aunque advierto que es caro de cojones). Sobre todo si no les importa convivir con pequeños detalles como geckos color verde chillón correteando por las paredes de la habitación, enormes arañas colgando de las palmeras, tábanos pesaos cual vaca en brazos, ver una aleta de tiburón nadando a 10 metros de la orilla o recibir alguna cagadilla que otra en la calva.

Playa de Denis Island

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