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Archive for 8 septiembre 2010

El País de hoy trae una noticia que no tiene desperdicio:

Bien, así me gusta, haciendo amigos.

La brillante idea ha salido del presunto cerebro de Terry Jones, pastor de una –por fortuna- muy pequeña iglesia evangélica llamada “Dove World Outreach Center”, rimbombante denominación que me atrevo a traducir como algo así como “Centro Asistencial Mundo de la Paloma”. En inglés suena mejor…

El chiringuito este está en Gainesville, ciudad sita en la parte coñazo de Florida. Es decir, lejos de las glamurosas playas de Miami, las lujosas mansiones de West Palm Beach o los parques de atracciones de Orlando, y cerca de lo más profundo de Dixie. Aún así, está considerado uno de los mejores sitios para vivir en el país. Imagino entonces que el resto de sus cientoypicomil vecinos serán bastante más majetes que el reverendo pirómano que nos ocupa.

Terry se explica diciendo que esto no lo hace por odio, Dios le libre, sino que pretende ser una simple llamada de atención al mundo islámico, añadiendo: “¿Por qué no avisamos a los islamistas radicales de que si nos atacan nosotros también les atacaremos?”. O sea, que al menos reconoce que lo suyo es un ataque. Por otro lado, me parece recordar de mis lejanos y aburridos tiempos de catequesis que esto del “ojo por ojo” había quedado aparcado de la doctrina cristiana, no? No se llevaba más lo de “poner la otra mejilla”?

Supongo que tampoco fue el odio lo que le llevó a escribir un libro titulado “El Islam es del diablo”. En el fondo seguro que todo esto lo ha montado para darse publicidad y vender más copias. Y yo como un gilipollas haciéndole el juego.

Terry Jones, ufano, publicitando la convocatoria

En la web del DWOC pueden leer (en inglés) las 10 razones (a las que luego añaden 5 más) por las que hay que quemar el Corán. Algunas son evidentes, como por ejemplo que el Corán dice que Jesús no es hijo de Dios. Si es que van provocando, coño. La que más gracia me hace es la de que los escritos más antiguos sobre Mahoma datan de 120 años después de su muerte. Pecado imperdonable, a la hoguera! Joder, por esa regla de tres habría que quemar Nuevos Testamentos a mansalva, pues se estima que están escritos entre 30 y 70 años tras la crucifixión de su líder.

Además de un anacrónico y exacerbado fanatismo, el iluminado este demuestra muy poca imaginación. Vamos a ver, si se trata de tocar los huevos a los islamistas, hagámoslo bien: que no sólo se quemen Coranes, sino que con las resultantes brasas se asen unas suculentas chuletas de cerdo, y se monte así una espectacular barbacoa, por supuesto con todo tipo de bebidas alcohólicas. La pena es que el Ramadán termina justo el día antes, que si no podría añadirse escarnio a la función haciéndola en pleno día y atiborrándose todos los presentes de vino y cerdo hasta reventar. Eso sí es dar caña a los putos moros.

A Petraeus, comandante militar de EE.UU. en Afganistán, se le han puesto los pelos como escarpias cuando se ha enterado de este singular aquelarre y, ponderado él, ha dicho que esto “generará riesgo para EE.UU.”. Una forma muy educada de decir “no jodáis más, cabrones, que bastante puteaos estamos ya”.

La Unión Europea no ha podido menos que emitir su habitual inútil-condena, e incluso el Vaticano, por una vez con sentido común, advierte de que la hoguerita será una “grave ofensa”.

El Jones hace oídos sordos a tanta crítica y, lejos de amilanarse, pregona que esta quema debería instaurarse a nivel internacional: el “International Burn a Koran Day”. Que no dé ideas, que a más de uno se le puede ocurrir el “International Burn a Church Day” y ya la tenemos liada. Que de eso en España sabemos algo.

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Desafiando a la crisis, Michurri y yo decidimos tirar la casa por la ventana y escaparnos de vacaciones a Seychelles unos días el pasado mes de agosto. Estuvimos en Denis Island, un lugar mágico que une a los valores tradicionales de este archipiélago (sol, magníficas playas, cristalinas aguas) el de ser una joya de la naturaleza.

Denis vista desde la avioneta, el norte a la derecha

Denis es una isla coralina de tan sólo 1,4 kilómetros cuadrados situada en el extremo norte del país, un pasito por debajo del Ecuador. No se tiene constancia del paso del hombre por este vergel hasta 1773, año en el que el explorador francés Denis de Trobriand puso su pie en él, dándole su nombre. Inicialmente la isla fue explotada para extracción de guano, y luego como plantación de coco. Quedan como únicos vestigios de esta época las ruinas de un pequeño poblado con su cementerio y todo, un faro de 1910 y algunos cocoteros que se optó por conservar cuando se repobló la isla con flora autóctona hará unos 30-40 años.

Mapa del archipiélago principal de Seychelles

Hoy en día Denis presenta un aspecto probablemente muy similar al que tenía cuando fue descubierta. La gran mayoría de la isla está cubierta con un tupido bosque tropical que es posible visitar recorriendo los senderos que lo atraviesan. La única presencia humana está en la parte norte de la isla, donde hay un pequeño hotel de 25 habitaciones que combina sabiamente un lujo discreto con el respeto a la naturaleza que lo rodea. Además de dedicarse a mimarnos a los afortunados huéspedes, este establecimiento participa en un exitoso programa de conservación que mantiene la isla como un paraíso natural y que contribuye a la protección de especies endémicas en peligro de extinción.

En Denis pueden verse aves, reptiles y plantas que sólo se encuentran en algunas islas de Seychelles. La especie más espectacular tal vez sea la tortuga gigante de Aldabra, un bicharraco que cuenta sus años y sus kilos por cientos. Existe en la cercana isla de Bird un espécimen de casi 300 kilos que se cree que tiene entre 170 y 200 años, considerada la tortuga viva más vieja del mundo. En Denis hay un ejemplar de unos 120 años que está todavía en plena forma: pudimos comprobarlo viéndole montando a una hembra como un machote.

Pero sin duda la atracción principal son los pájaros. Hay aquí 5 especies endémicas de Seychelles, dos de las cuales fueron rescatadas del mismo borde de la extinción, además de muchas otras aves típicas del Índico occidental. Destaca el carricero de Seychelles, del que a finales de los 60 quedaban menos de 50 ejemplares en todo el mundo, todos en la pequeña isla de Cousin. Tras un ambicioso programa de reintroducción en otras islas, Denis entre ellas, hoy en día hay casi 3.000 de estos pajarillos, los cuales para indocumentados como yo son parecidos a un gorrión. Es una de las mayores historias de éxito del conservacionismo moderno.

No menos importante es la shama de Seychelles, que en los 70 contaba con sólo 16 supervivientes, todos en Fregate Island. Pese a los enconados esfuerzos por preservar la especie y extenderla a otras islas del archipiélago, en los 90 sólo se había aumentado su número a 23. Por suerte últimamente las cosas pintan mejor y se cree que hay ya unos 200 ejemplares, 24 de ellos en Denis.

Shama de Seychelles. De tanto estudiarlos, los pobres llevan más anillos que un rapero

Debajo del agua también hay mucho que ver. A pesar de que agosto es de los peores meses para el submarinismo, pues los vientos del sudeste alborotan el mar y la visibilidad es bastante reducida, hicimos algunas inmersiones memorables. Pudimos ver decenas de tiburones (tres especies distintas en una sola inmersión), atunes, múltiples tortugas, mantas, rayas, langostas e incluso un marlín negro. Todo ello acompañado de cantidad de peces de colores y bichos varios de desconocido nombre. La pena es que el coral está muy dañado en estos lares por culpa del famoso El Niño de 1997-98, que en Seychelles hizo estragos.

Para los aficionados a la pesca Denis es como Disneylandia, sobre todo en esta época del año. La isla está en el borde de la plataforma de las Seychelles, así que no muy lejos de ella hay profundidades de 2.000 metros donde abundan los grandes peces. De hecho, no demasiado lejos de aquí faenan el Alakrana y otros barcos regularmente acosados por los piratas somalíes. La pesca es junto al turismo la principal fuente de ingresos del país. Nosotros sacamos 12 bestias de cuidado en una mañana, entre petos (wahoo en inglés) y atunes de aleta amarilla, de 8 kilos el más pequeño y 20 el más gordote, y se nos escaparon dos enormes peces vela. Terminé con los brazos como gelatina. Lo mejor fue zamparse tan sabroso botín, atracándonos a sashimi durante los siguientes días.

Wahoo (peto) de 20 kilitos

En lo que no tuvimos suerte fue en ver tortugas marinas desovando en la playa. Hicimos un largo paseo nocturno a la luz de la luna por si sonaba la flauta pero no pudo ser, y eso que aquí vienen con relativa frecuencia durante todo el año, ya sea la tortuga carey o la verde. Tampoco pudimos hacer el paseo guiado con uno de los naturalistas que residen permanentemente en la isla, realizando tareas varias de seguimiento de las especies más delicadas, pues no es fácil encontrar un hueco en su agenda y encima el hombre no se encontraba bien.

En fin, que recomiendo vivamente una visita a este edén a todos los amantes de la naturaleza (aunque advierto que es caro de cojones). Sobre todo si no les importa convivir con pequeños detalles como geckos color verde chillón correteando por las paredes de la habitación, enormes arañas colgando de las palmeras, tábanos pesaos cual vaca en brazos, ver una aleta de tiburón nadando a 10 metros de la orilla o recibir alguna cagadilla que otra en la calva.

Playa de Denis Island

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Al loro con el parrafito que se han marcado los bandarras de RyanAir en su reciente publicidad en prensa, anunciando vuelos a Estocolmo:

Si alguien consigue descifrar lo que intentan decir, me lo explique. Me recuerda al memorable spam bancario que recibió Silcas hace tiempo, con el agravante de que esto se ha publicado en prensa nacional, que se supone que debe ser algo más serio.

O sea, pase que sean una aerolínea de bajo coste y que a cambio de precios de risa tiren por los suelos los estándares de calidad, pero cutrificar de esta forma los anuncios ya me parece pasarse. Que no cuesta tanto escribir bien, o que por lo menos se entienda, joder.

Además el anuncio es como mínimo engañoso porque los tíos con todo el morro te hablan de “21 horas de luz del día” y de “noches blancas” cuando el anuncio se publica un 31 de agosto y la oferta es para viajar en septiembre y noviembre (curiosamente octubre no está incluido, vaya usted a saber por qué):

HOYGAN, que lo de las noches blancas es en junio, señores. Que esto es como anunciar viajes de esquí a Baqueira en julio o semanita de sol y playa en Menorca en enero. Que en el periodo ofertado las noches son negras como la noche, valga la redundancia: el día más largo de septiembre tiene 14 horas y el más corto de noviembre menos de 7. Curiosamente 14 + 7 = 21, igual es así como han calculado el dato…

Y es que mienten como bellacos con lo de las 21 horas de luz, porque en Estocolmo el día más largo de 2010 –el 21 de junio- duró exactamente 18 horas, 38 minutos y 25 segundos, según indica timeanddate.com. Faltan dos horas y pico para las 21.

Claro que como en realidad tampoco te llevan a Estocolmo, igual resulta que en el apartado lugar donde aterrizan sí se llega a las 21 horas de luz, aunque lo dudo mucho. Porque el vuelo en realidad te deja en el aeropuerto de Västerås, que está nada más y nada menos que a 103 kilómetros de la capital sueca, ocupando el sexto puesto en el prestigioso ránking “los aeropuertos más en el quinto pino de la red de RyanAir” elaborado por fronterasblog.

Eso sí, el precio es cojonudo: 19,99 Euros por trayecto (supongo que 39,98 ida y vuelta, si no hay más trampas en la oferta), incluyendo tasas e impuestos. Una ganga, oiga, anímese, pero deprisita que encima los mamones te dan sólo 2 días de plazo, hay que reservar antes del 2 de setiembre… ah! y sólo se puede ir desde Alicante o Girona. Me pregunto entonces para qué anunciarán esto en una edición de Madrid.

Aquí tienen el anuncio completo. Vaya chapuza, como para echar a la calle al departamento de márketing en bloque..

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