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Ese es el título que le pondría a mi reciente visita al Parque Nacional de Las Tablas de Daimiel (tonta ella y tonto él…), pequeño pedazo de paraíso manchego que tenemos tan cerca y sin embargo parece que tan poco apreciamos.

Agua. Las Tablas están llenitas de ella. Tras años de pertinaz sequía y continuada sobreexplotación del acuífero que las alimenta, llegando a niveles de inundación alarmantemente bajos, las Tablas renacieron en invierno de 2010 gracias a las abundantes lluvias. Tan secas estaban que se había declarado un incendio subterráneo que amenazaba con terminar con este preciado ecosistema para siempre. Se llegó a construir con urgencia una tubería desde el trasvase Tajo-Segura al Cigüela y a través de éste inundar el parque para apagar las llamas. Justo cuando comenzó a llegar el agua trasvasada, cayeron en la zona las mayores lluvias desde que se tienen registros y todo quedó anegado en un pispás. Ley de Murphy.

Antes y después: las Tablas en agosto 2006 y enero 2010, cuando resucitaron

Los guardas comentan que no se han visto las Tablas tan espléndidas desde 1997. Casi el 100% de su extensión estaba bajo el agua en la primavera de 2010, frente a apenas el 1% a finales de 2009. Aprovechen para hacer una escapada, que no está nada claro que la cosa vaya a durar y lo más probable es que en unos pocos años vuelvan tiempos difíciles. Que en menos de dos horas se planta uno ahí desde Madrid, y además es gratis. Para contratar una visita guiada miren aquí. Y para reponer fuerzas tras un activo día en la naturaleza, recomiendo encarecidamente el restaurante El Bodegón en Daimiel, excelente.

Mentiras, las que circulan acerca del Guadiana. El saber popular afirma que el Guadiana “desaparece y reaparece” y se utiliza su nombre coloquialmente para describir eventos intermitentes o impredecibles. De pequeñitos nos enseñaron que el Guadiana nace en las Lagunas de Ruidera y se sumerge en la tierra poco después para rebrotar con renovado vigor 50 kilómetros más lejos en los Ojos del Guadiana, cerca de los cuales forma junto con el Cigüela (o Gigüela) las famosas Tablas de Daimiel.

Pues bien, la historia es más falsa que un billete de 7 Euros. Para empezar, porque los Ojos del Guadiana llevan totalmente secos desde mediados de los ochenta, ni una triste gota brota de ellos desde entonces. La autocombustión de turbas (el mismo fenómeno que casi acaba con el parque en 2009) ha convertido la zona en un paisaje cuasilunar, irrecuperable. Así que el Guadiana lleva ya más de 25 años naciendo en las Tablas, los Ojos se han ido a tomar por culo. Incluso en los últimos años, en los que el parque estaba seco, el nacimiento de tan peculiar río había que buscarlo en la depuradora de aguas residuales de Ciudad Real.

Es peligroso caminar por donde antes nacía el Guadiana

Porque tampoco es cierto que el Guadiana desaparezca y reaparezca. Como mucho, es una verdad a medias. Sí ocurría que el ahora llamado Guadiana Alto o Guadiana Viejo se infiltraba y desvanecía en Argamasilla de Alba, pero ahí acaba el tema. Lo que antes brotaba de los Ojos no era el mismo río, sino que eran el rebosadero del famoso “acuífero 23”, una enorme masa de agua subterránea (equivalente a 12mil estadios Santiago Bernabeu llenos hasta arriba) alimentada por múltiples corrientes y manantiales, entre los que estaba el Alto Guadiana, el cual aportaba sólo una pequeña parte del caudal total del acuífero. Digo “aportaba” porque desde que se construyó el embalse de Peñarroya en 1959 ya no aporta absolutamente nada.

La sobreexplotación del acuífero 23 para regadío ha hecho que su nivel descienda tanto que ya no rebosa, y por ello los Ojos están secos. En 1992 el nivel de agua estaba a 40 metros bajo tierra y ahora mismo a unos 20, así que todavía queda mucho para que renazcan. No es hasta las Tablas donde se acumula agua suficiente para formar lo que es el Guadiana de verdad. Y eso en años buenos, si no, como he dicho antes, hasta Ciudad Real no hay río.

Cauce seco del Guadiana entre los Ojos y las Tablas. Octubre 2010

Además, el Guadiana Alto no nace en las Lagunas de Ruidera, sino unos 30 kilómetros antes, en el municipio de Viveros. Para liar el tema todavía más, en ese tramo se le llama “Pinilla”.

Cientos de patos. Esto podría figurar en el capítulo “mentiras”, porque ni son cientos, que son miles, ni son todos patos, que hay fochas, grullas, garzas, somormujos, zampullines, flamencos y otras muchas aves que me acabo de aprender; algunas son residentes fijos y otras sólo paran a reponer fuerzas en su camino a o desde África. Pero me quedaba mejor el título así…

El caso es que con lo hermoso que está el parque este año, el número de aves que lo visita ha crecido hasta recordar épocas pasadas. Porque durante los oscuros años de sequía había menos patos que en el Manzanares. Parece que se ha corrido la voz de que las aguas han vuelto y la vida bulle de nuevo en las Tablas. Nos comentó el guía que la primavera que viene puede ser espectacular en cuanto a número de aves, a poco que la cantidad de lluvia de este invierno sea medianamente aceptable. Eso sí, para observarlas de cerca hace falta un poco de paciencia y unos buenos prismáticos.

Las aves han vuelto al parque. Octubre 2010

Termino con una explicación del término “tablas”. El accidente geológico denominado “tablas fluviales” se produce cuando se desborda el agua cuando un río (o varios) atraviesa un terreno con escasa inclinación. Se desborda entonces el río y queda un charco enorme con poca profundidad y casi sin corriente, donde crecen juncos y carrizos formando un tupido laberinto de canales. Esto forma un ecosistema único, del que las Tablas de Daimiel es uno de los últimos representantes en el mundo. Otros más famosos son la confluencia de los ríos Tigris y Eúfrates en Irak -que como imaginarán está prácticamente destruido- y el (mal llamado) Delta del Okavango en Botswana, que por ahora goza de una magnífica salud.

Así que a ver si cuidamos un poquito más lo que tenemos, que las Tablas se ven ahora preciosas pero en el fondo siguen en la UVI. La problemática de este Parque Nacional es mucho más compleja que las cuatro pinceladas que he dado en este post; para profundizar un poco más, lean este otro blog.

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Me ha llamado mucho la atención esta noticia, que ha pasado prácticamente inadvertida para la prensa española:

Se ve que las autoridades malayas, hartas de ver como el dengue continúa haciendo estragos en su población y viendo que las políticas de mejora del saneamiento urbano han fracasado una tras otra, han decidido tomar una medida tan creativa como aventurada contra esta enfermedad.

Los científicos malayos han conseguido modificar genéticamente al Aedes aegypti, el mosquito que transmite el dengue a los humanos, de manera que al procrear genere larvas con vidas mucho más cortas de lo normal. El plan es entonces soltar una buena cantidad de machos modificados para que se apareen con las hembras “normales” existentes en la naturaleza y produzcan una nueva generación menos longeva, y tras varias iteraciones conseguir así que el número de mosquitos se reduzca drásticamente. Incluso se cree que puede llegar a erradicarlos completamente.

El genoma de este mosquito, que también transmite la fiebre amarilla (vaya joya de bicho), fue secuenciado en 2007 por investigadores de la Universidad de Notre Dame en EE. UU., y gracias a ello se ha podido hacer la modificación malaya esta. Hasta ahora sólo conocía dicha universidad por habernos dado a Joe Montana, probablemente el mejor quarterback de la historia, ya veo que son buenos en otras cosas además de en football…

Así es el Aedes aegypti. Huyan si ven uno

Volviendo al plan anti-mosquito, afirman sus promotores que las pruebas en laboratorio han sido todo un éxito, y ahora van a testarlo soltando entre 2.000 y 3.000 ejemplares mutados en la naturaleza antes de fin de año, a ver qué pasa. Que esperemos que lo que pase sea lo que se espera que pase.

Encuentro fascinante que un plan así funcione. Es un poco jugar a ser Dios, cambiando la forma de ser de los animalicos a nuestro antojo. Aunque en el fondo no es muy distinto a lo que se lleva siglos haciendo en ganadería y agricultura: a base de seleccionar los especímenes más interesantes hemos creado cantidad de variedades y razas de plantas y animales. Esto es un poco más bestia porque en lugar de hacerlo poco a poco directamente se toca el código genético (que en agricultura se hace también desde hace años), pero vaya, la idea es la misma.

Sin embargo, me asaltan algunas dudas. Primero, entiendo que la selección natural debería hacer que a largo plazo los mosquitos “de toda la vida” se impusieran a los nuevos, ya que éstos al morir antes también se reproducirán menos –esa es la idea-, y digo yo que siempre quedará un reducto de Aedes aegypti originales que poco a poco irán superando en número a los introducidos. No sé si igual el plan es hacer sueltas periódicas de mosquitos nuevos para ir contrarrestando esto, o si se me escapa algún detalle, que la verdad es que los artículos leídos dan bastante pocos.

Segundo, como afirman algunos grupos ecologistas, pienso que siempre hay una probabilidad de que algo vaya mal y salga el tiro por la culata. Quién sabe si con la nueva configuración genética el bicho resultante es menos estable y muta en algo peor. O si al mezclarse con otros mosquitos sale alguna terrorífica especie nueva. Puede uno imaginarse cantidad de escenarios tipo película cutre de ciencia ficción. Que la realidad siempre es distinta al laboratorio y hay cantidad de cosas sobre la evolución de las especies que todavía desconocemos. Los experimentos, con gaseosa.

Tercero, incluso si el plan sale bien, me da que no se han evaluado lo suficiente los posibles daños colaterales. Por ejemplo, qué pasará con las aves, reptiles, anfibios y peces que se alimentan de estos insectos? Podrán seguir subsistiendo si los números de éstos caen en picado?

En este blog se habla de otro plan que parece más currado y que por lo visto se quiere implementar contra la malaria: se ha modificado el anófeles –mosquito vector de esta enfermedad- para por un lado reducir su capacidad de transmisión del mal y por otro aumentar su fertilidad, lo que hará que a largo plazo reemplace al anófeles original. Esto me parece a mí más viable, pero bueno, yo no tengo ni puta idea de esto, así que no me hagan mucho caso.

De todos modos seguiré con atención el experimento en Malasia, ojalá que funcione y demuestre una vez más que tanta investigación y pajas mentales con la genética pueden dar resultados prácticos que ayudan a la gente.

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La científica ucraniana Elena Bodnar ha desarrollado un invento revolucionario, que hará furor tanto en pasarelas de moda como en bases militares. Se trata de un sujetador que puede también utilizarse como mascarilla contra sustancias tóxicas. Es el “Emergency Bra”, que en español yo llamaría “sujetarilla”.

No es coña, el diseño está patentado y todo:

Y aquí pueden ver una demostración práctica:

Ahora sujeta tetas...

...y ahora cubre nariz y boca

El invento tiene la ventaja de proporcionar dos mascarillas –una por pecho-, con lo que protege no sólo a la portadora de la prenda, sino también a su acompañante. No deje que su esposa salga de casa sin él. 

Claro, que si la emergencia sucede en un día de calor en que la fémina esté sudadita, habrá que ver que aromas tiene que aspirar el usuario de la sujetarilla… seguro que más de uno se pone verraco y todo!

Habrá que ver también en qué tallas las hacen, que con las gerardas siliconadas que se gastan algunas últimamente, más que una mascarilla va a ser eso un pasamontañas.

Si quieren comprar sujetarillas –algo recomendable en estos tiempos de incertidumbre y riesgos de ataques químicos-, sepan que cuesta 30 dólares (22 euros). No parece caro, considerando que pueden salvar su vida y la de su pareja.

El Emegency Bra saltó a la fama el año pasado, cuando recibió el premio Ig Nobel de Salud Pública 2009. Los premios “Ig Nobel” son una parodia americana de los Nobel de verdad y se dan a cosas que “hagan a la gente primero reírse, y luego pensar”. En general, premian a los diseños más originales y absurdos de la ciencia desde 1991. Cuentan con la colaboración de nada menos que MIT y Harvard, y a la ceremonia de entrega asisten Nóbeles “de verdad”.

Son como niños: auténticos Nóbeles haciendo el chorra con las sujetarillas durante la ceremonia

El nombre de los premios no significa nada en particular, es un simple –más bien simplón, opino- juego de palabras, ya que “ignoble” viene a significar “innoble” en inglés.

En la edición de 2010, celebrada esta semana, los ganadores han sido brillantes científicos premiados por hazañas como:

-Diseñar helicópteros teledirigidos para recolectar moco de ballena
-Probar empíricamente que soltar tacos ayuda a aliviar el dolor
-Demostrar que el aceite y el agua sí pueden mezclarse en determinadas condiciones, utilizando como ejemplo el famoso vertido en el Golfo de México
-Prescribir la montaña rusa como remedio contra el asma
-Descubrir que es mejor que los científicos vayan afeitados al laboratorio, pues es difícil limpiar el vello facial de posibles microbios que se le hayan adherido. Este logro fue el único en recibir un premio en dinero: 10 billones de dólares. El problema es que eran dólares de Zimbabwe
-Utilizar moho para diseñar una red ferroviaria
-Demostrar que poniéndose los calcetines por encima de los zapatos es más fácil caminar sobre el hielo
-Probar que las organizaciones más eficientes son aquellas en las que los ascensos se otorgan de manera aleatoria
-Y la mejor: Descubrir que la fellatio es práctica habitual entre algunas especies de murciélagos

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Desafiando a la crisis, Michurri y yo decidimos tirar la casa por la ventana y escaparnos de vacaciones a Seychelles unos días el pasado mes de agosto. Estuvimos en Denis Island, un lugar mágico que une a los valores tradicionales de este archipiélago (sol, magníficas playas, cristalinas aguas) el de ser una joya de la naturaleza.

Denis vista desde la avioneta, el norte a la derecha

Denis es una isla coralina de tan sólo 1,4 kilómetros cuadrados situada en el extremo norte del país, un pasito por debajo del Ecuador. No se tiene constancia del paso del hombre por este vergel hasta 1773, año en el que el explorador francés Denis de Trobriand puso su pie en él, dándole su nombre. Inicialmente la isla fue explotada para extracción de guano, y luego como plantación de coco. Quedan como únicos vestigios de esta época las ruinas de un pequeño poblado con su cementerio y todo, un faro de 1910 y algunos cocoteros que se optó por conservar cuando se repobló la isla con flora autóctona hará unos 30-40 años.

Mapa del archipiélago principal de Seychelles

Hoy en día Denis presenta un aspecto probablemente muy similar al que tenía cuando fue descubierta. La gran mayoría de la isla está cubierta con un tupido bosque tropical que es posible visitar recorriendo los senderos que lo atraviesan. La única presencia humana está en la parte norte de la isla, donde hay un pequeño hotel de 25 habitaciones que combina sabiamente un lujo discreto con el respeto a la naturaleza que lo rodea. Además de dedicarse a mimarnos a los afortunados huéspedes, este establecimiento participa en un exitoso programa de conservación que mantiene la isla como un paraíso natural y que contribuye a la protección de especies endémicas en peligro de extinción.

En Denis pueden verse aves, reptiles y plantas que sólo se encuentran en algunas islas de Seychelles. La especie más espectacular tal vez sea la tortuga gigante de Aldabra, un bicharraco que cuenta sus años y sus kilos por cientos. Existe en la cercana isla de Bird un espécimen de casi 300 kilos que se cree que tiene entre 170 y 200 años, considerada la tortuga viva más vieja del mundo. En Denis hay un ejemplar de unos 120 años que está todavía en plena forma: pudimos comprobarlo viéndole montando a una hembra como un machote.

Pero sin duda la atracción principal son los pájaros. Hay aquí 5 especies endémicas de Seychelles, dos de las cuales fueron rescatadas del mismo borde de la extinción, además de muchas otras aves típicas del Índico occidental. Destaca el carricero de Seychelles, del que a finales de los 60 quedaban menos de 50 ejemplares en todo el mundo, todos en la pequeña isla de Cousin. Tras un ambicioso programa de reintroducción en otras islas, Denis entre ellas, hoy en día hay casi 3.000 de estos pajarillos, los cuales para indocumentados como yo son parecidos a un gorrión. Es una de las mayores historias de éxito del conservacionismo moderno.

No menos importante es la shama de Seychelles, que en los 70 contaba con sólo 16 supervivientes, todos en Fregate Island. Pese a los enconados esfuerzos por preservar la especie y extenderla a otras islas del archipiélago, en los 90 sólo se había aumentado su número a 23. Por suerte últimamente las cosas pintan mejor y se cree que hay ya unos 200 ejemplares, 24 de ellos en Denis.

Shama de Seychelles. De tanto estudiarlos, los pobres llevan más anillos que un rapero

Debajo del agua también hay mucho que ver. A pesar de que agosto es de los peores meses para el submarinismo, pues los vientos del sudeste alborotan el mar y la visibilidad es bastante reducida, hicimos algunas inmersiones memorables. Pudimos ver decenas de tiburones (tres especies distintas en una sola inmersión), atunes, múltiples tortugas, mantas, rayas, langostas e incluso un marlín negro. Todo ello acompañado de cantidad de peces de colores y bichos varios de desconocido nombre. La pena es que el coral está muy dañado en estos lares por culpa del famoso El Niño de 1997-98, que en Seychelles hizo estragos.

Para los aficionados a la pesca Denis es como Disneylandia, sobre todo en esta época del año. La isla está en el borde de la plataforma de las Seychelles, así que no muy lejos de ella hay profundidades de 2.000 metros donde abundan los grandes peces. De hecho, no demasiado lejos de aquí faenan el Alakrana y otros barcos regularmente acosados por los piratas somalíes. La pesca es junto al turismo la principal fuente de ingresos del país. Nosotros sacamos 12 bestias de cuidado en una mañana, entre petos (wahoo en inglés) y atunes de aleta amarilla, de 8 kilos el más pequeño y 20 el más gordote, y se nos escaparon dos enormes peces vela. Terminé con los brazos como gelatina. Lo mejor fue zamparse tan sabroso botín, atracándonos a sashimi durante los siguientes días.

Wahoo (peto) de 20 kilitos

En lo que no tuvimos suerte fue en ver tortugas marinas desovando en la playa. Hicimos un largo paseo nocturno a la luz de la luna por si sonaba la flauta pero no pudo ser, y eso que aquí vienen con relativa frecuencia durante todo el año, ya sea la tortuga carey o la verde. Tampoco pudimos hacer el paseo guiado con uno de los naturalistas que residen permanentemente en la isla, realizando tareas varias de seguimiento de las especies más delicadas, pues no es fácil encontrar un hueco en su agenda y encima el hombre no se encontraba bien.

En fin, que recomiendo vivamente una visita a este edén a todos los amantes de la naturaleza (aunque advierto que es caro de cojones). Sobre todo si no les importa convivir con pequeños detalles como geckos color verde chillón correteando por las paredes de la habitación, enormes arañas colgando de las palmeras, tábanos pesaos cual vaca en brazos, ver una aleta de tiburón nadando a 10 metros de la orilla o recibir alguna cagadilla que otra en la calva.

Playa de Denis Island

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Todo el mundo sabe contar. O al menos eso asumimos. Si a cualquiera le pedimos que cuente un conjunto de cosas que le pongamos delante de sus narices, normalmente, salvo despiste, lo hace bien. Sin embargo, la cosa parece complicarse cuando en lugar de contar elementos discretos (dedos, monedas, pepinos, votos en el Parlament, etc) se trata de variables continuas, que admiten puntos intermedios, como ocurre al medir el tiempo o el espacio.

Un ejemplo histórico es la famosa afirmación cristiana de que Jesús “resucitó al tercer día”, la cual refleja una peculiar forma de contar el tiempo. Analicemos el caso: asumiendo que lo que cuentan los evangelios sea rigurosamente cierto  -que ya es mucho asumir-, Chus murió un viernes al anochecer y el domingo al alba ya había resucitado. La cuenta clásica es que el primer día es el viernes, el segundo el sábado y el tercero el domingo. Voilà.

Sin embargo, si medimos el tiempo exacto entre los dos eventos, sale la mitad: dado que los hechos sucedieron en pascua, y que ésta cae cerca del equinoccio (cuando día y noche duran lo mismo), podemos deducir que el redentor pasó muerto unas 36 horas (6 del viernes, 24 del sábado y 6 del domingo). Aunque hay rumores de que no estaba muerto, que andaba de parranda, pero eso es otra historia. Total, que de los 3 días de la versión oficial nos quedamos en día y medio si hacemos bien las cuentas. Viene a ser como lo de las agencias de viajes cuando te venden unas vacaciones de “7 noches/ 8 días” y luego en realidad pasas poco más de 6 días en el lugar de destino.

En las manifas sí que a nadie le salen las cuentas de cuántas personas hubo. A ver, ¿cuántas hay aquí?

Los comentaristas deportivos, cómo no, también suelen hacerse pequeños líos contando el tiempo. El más frecuente es cuando te dicen, por ejemplo, que un gol marcado a los 23 minutos y 40 segundos de comenzado el partido se marcó “en el minuto 23”, cuando lo correcto es decir que se ha marcado en el minuto 24.

Midiendo el espacio sucede algo parecido. Un restaurante que esté situado, por ejemplo, a 145,7 kilómetros del inicio de una carretera, seguramente se anunciará como situado “en el kilómetro 145”, y realmente está en el 146. Esto es tan común y ya nos hemos habituado tanto a ello que si algún hostelero decidiese indicar el kilómetro correcto sus clientes probablemente se perderían.

Seguramente el más famoso de este tipo de errores sea el de los millones de personas que estaban convencidas de que el 1 de enero de 2000 empezaba el siglo XXI. En realidad no comenzó hasta el 1 de enero de 2001, ya que el 2000 todavía pertenecía al siglo XX. Lo bueno de este fallo es que pudieron celebrar tan magno acontecimiento dos veces, así que todos tan felices.

Curiosamente, la forma en que enunciamos la edad de las personas es distinta de la que usamos para el calendario. Nadie dice “estoy en mi cuatrigésimo segundo año de vida”, sino “tengo 41”. Con el calendario es al revés, decimos que estamos en 2010, no que “tenemos 2009”. Eso lía todavía más las cosas y hace que la gente se confunda a la hora de determinar, por ejemplo, cuándo una persona entra en su cuarta década de vida, que es tras haber cumplido los 30. Sin ir más lejos, la semana pasada tuve que aclarar dicho punto en el blog de barbijaputa a otro comentarista, cuyo empecinamiento en el error me llevó a reflexionar sobre toda esta sarta de pedanteces que les acabo de explicar, así que si este post les parece un coñazo ya saben de quién es la culpa.

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Posiblemente ya conozcan esta triste historia, pues ha salido varias veces en los informativos y le han dedicado unos cuantos documentales. Pero no por más conocida me parece menos espeluznante, cada vez que leo algo sobre ello se me cae el alma al suelo. Se trata de la lenta (bueno, no tan lenta…) desaparición del mar de Aral, caso parecido y todavía más trágico que el del Salton Sea, que ya les conté hace algún tiempo.

El viernes pasado el suplemento “Natural” del ABC traía un estupendo artículo sobre los cambios sufridos por el planeta en los últimos años, con fotos comparativas del “antes” y el “después” de tan siniestra operación de estética. El desastre del Aral ocupaba un lugar destacado, con unas fotos impresionantes, y me hizo recordar su historia.

A la izquierda, el Aral en 1998. A la derecha, lo que quedaba diez años después. El tenue trazo gris indica su extensión original

A la izquierda, el Aral en 1998. A la derecha, lo que quedaba diez años después. El tenue trazo gris indica su extensión original

Hasta los años 60 este mar era el cuarto lago por extensión del mundo, con una superficie de 68.000 kilómetros cuadrados, que para que nos entendamos equivale a un poco más del doble de Cataluña. En ese momento el Aral estaba íntegramente en territorio de la Unión Soviética (hoy, lo que queda se reparte entre Kazajstán y Uzbekistán), y eso fue lo que selló su destino, ya que los iluminados gobernantes de dicho estado decidieron que tanta agua junta pa qué, y desviaron el curso de los dos grandes ríos que lo alimentaban, el Amu Darya y el Syr Darya, creando una inmensa huerta en la zona para mayor gloria de la dictadura del proletariado. El cultivo más extendido era el de algodón, bautizado en la zona como “oro blanco”; Uzbekistán es todavía hoy uno de los mayores exportadores de este vegetal.

Tan desafortunado plan se gestó ya en 1918, aunque la construcción de canales a gran escala no comenzó hasta los años 40. Al más puro estilo soviético, los canales eran bastante chapuzas y perdían casi más agua de la que transportaban, con lo que cada vez había que desviar más agua. Los efectos de este continuo trasvase empezaron a notarse a principios de los 60, cuando el Aral comenzó a encoger.

Poco a poco el mar se iba secando, ya que apenas llegaba agua de sus ríos tributarios, disminuyendo su nivel unos 20cm al año entre 1960 y 70, 55cm al año en los 70, y casi 90 cm/año en los 80. Esta aceleración en la mengua del lago es debido a que el flujo de agua que se extraía de los dos ríos crecía sin parar, en el 2000 fue el doble que en 1960. La producción de algodón de la zona también se dobló entre esos dos años. Por el contrario, la otrora boyante industria pesquera del Aral iba evaporándose al mismo ritmo que sus aguas. Llegó a producir la sexta parte de todas las capturas de la Unión Soviética y hoy en día es prácticamente inexistente.

En 1987 el Aral quedó dividido en dos lagos: Aral Norte y Aral Sur, el último de los cuales se volvió a dividir en zona Este y Oeste en 2003. La zona Este ya se ha evaporado casi en su totalidad y se cree que la Oeste resistirá más, aunque sigue menguando.

Todo esto no fue ninguna sorpresa, ni fruto de ningún error de cálculo. Era parte del plan. Los ingenieros que diseñaron y ejecutaron el proyecto sabían que el mar desaparecería. Consideraban el Aral un “error de la naturaleza”, así que poco se hizo por evitar su declive, y el tímido plan que se diseñó en los 80 fue abandonado por su elevado coste, inabordable en plena crisis de la URSS. De hecho, el mar está tardando en desaparecer más de lo previsto porque existen manantiales subterráneos desconocidos hace 50 años que todavía lo alimentan.

El agua que queda está cada vez más contaminada con fertilizantes, pesticidas y mierdas varias, y su salinidad se ha disparado; en algunas zonas llega a triplicar la de los océanos. En esas condiciones, la mayoría de bichos que habitaban en él han desaparecido hace tiempo, sólo el Aral Norte conserva peces. Encima, el lecho del mar que queda al aire tiene tanta porquería que es un peligro para la salud pública. La sal se incrusta por todas partes y obliga a utilizar cada vez más agua para los cultivos, lo que acelera la desaparición del lago. El clima en la zona se ha endurecido, los inviernos son mucho más fríos y los veranos tórridos, al haberse perdido la función atemperadora del agua. Así que los habitantes de por allí están contentitos con el embolao, vaya.

En la mayoría de mapas se empeñan en seguir mostrando el Aral como era hace 50 años

En la mayoría de mapas se empeñan en seguir mostrando el Aral como era hace 50 años

En 2005 Kazajstán comenzó un plan para recuperar la zona norte del lago (que es “la suya”, los uzbekos que se busquen la vida…), haciendo una presa que la aísla totalmente de la zona sur, la cual está condenada a desaparecer casi por completo. Este era el tercer intento de “blindar” el Aral Norte, los dos anteriores fracasaron estrepitosamente. Parece que a la tercera va la vencida y los resultados son esperanzadores: en las fotos se aprecia que el Aral Norte ha crecido algo en los últimos años y lo seguirá haciendo, sobre todo porque en teoría este año se inaugura un nuevo dique.

Hoy en día sólo queda un 10% de este otrora inmenso lago. De ocupar más del doble de Cataluña ha pasado en 50 años a ser como la provincia de Segovia.

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Atención, pregunta: ¿cuál es el felino más grande del mundo?
Respuesta: el ligre

-¿Y eso qué é lo que é?
– Pues un cruce entre león y tigresa
– Qué barbaridá…

Efectivamente, si uno pone a un león a montárselo con una tigresa, el engendro resultante es una bestia de cuidado. Más grande que cualquiera de sus progenitores. Llega a medir 4 metros y pesar más de 400 kilos. Lindo gatito.

Un ligre con sus cuidadores

Un ligre con sus cuidadores

Es curioso que, en un claro ejemplo de que la naturaleza no entiende de leyes de igualdad de “género” ni zarandajas similares, el híbrido inverso – tigre cepillándose a leona-, llamado tigón, no alcanza ni de cerca las gargantúicas proporciones de su primo, no pasa de los 160 kilitos. El motivo es, explican los cientríficos, porque ambas especies tienen un gen inhibidor del crecimiento que contrarresta la tendencia a crecer desmesuradamente, pero en los leones se transmite por via materna y en los tigres por la paterna (provincia de Valencia). Esto hace que el ligre crezca sin parar, y por el contrario el tigón casi que encoge y todo, pues se lleva ración doble de gen enanizante.

Por eso es mucho más abundante el ligre que el tigón, ya que los pocos cabritos que los crían prefieren el primero al ser más imponente y espectacular de cara al público.

tigon chupando cámara

tigón chupando cámara

Y es que ninguno de los dos híbridos se da en la naturaleza, ambos son producto de la experimentación humana. Ello es debido a que ya no hay sitios donde convivan ambas especies –hasta hace poco coincidían en un parque de la India– y además tienen hábitos muy distintos (nocturno, solitario y selvático el tigre; diurno, gregario y “sabanático” el león), así que es complicado que liguen.

A simple vista el ligre tiene aspecto de león con rayas, y los machos desarrollan melena como su papá. Hereda de su madre el gusto por el agua y de su padre el instinto gregario. Parece un poco paticorto, pues mientras que el cuerpo le crece toda su vida, las extremidades no, causando que algunos ejemplares entraditos en años terminen casi como inválidos al no poder soportar su propio peso.

Otro problema de este animalito es que los machos son estériles, así que para criar ligres es necesario también criar leones y tigresas. Algunas hembras sin embargo sí pueden procrear, si es con un león el resultado se llama le-ligre y si con un tigre, ti-ligre. Imagino que esto se podría recombinar hasta el infinito y llegar a crear felinos innombrables como por ejemplo el ti-ti-le-ti-le-le-ti-le-ti-ti-ti-le-le-ti-ligre, vaya lío, parece código Morse.

Lo raro es que la criaturita sea tan poco conocida cuando hay una canción muy famosa dedicada a este bicho. La popularizó Nino Bravo, seguro que la recuerdan: “Liiiigreeee, como el sol cuando amanece yo soy liiiigreeee, como el maaar,…”

Un día cualquiera en la fábrica de tigones

Un día cualquiera en la fábrica de tigones

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