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Posts Tagged ‘gastronomía’

Les presento uno de los secretos mejor guardados de la gastronomía mexicana: la Michelada. En mi opinión, es el mejor refresco del mundo. Lo tiene todo: frescor, sabor, burbujas, algo de alcohol y un puntito picante. Ideal de aperitivo o mientras se hace la fotosíntesis tirado al sol sobre una tumbona.

La base de la Michelada es la cerveza, a la que se añade lima, hielo, salsas y unas gotas de tabasco. Aunque, como suele suceder con todos los cócteles, cada maestrillo tiene su librillo y no siempre se utilizan los mismos ingredientes.

Esta se ve ligerita, pero muy apetecible

Esta se ve ligerita, pero muy apetecible

En México pasa con la Michelada un poco como en España con los cafés. En cada sitio le ponen “apellidos” distintos para reflejar variedades locales. Así, en algunos lugares llaman “Chelada” a la cerveza con limón –lo que viene siendo un shandy- y “Michelada” a secas al cóctel completo; en otros sitios sin embargo “Michelada” es el shandy y si la quieres completita la tienes que pedir “preparada” o “cubana”. Es un poco lío, así que conviene especificar para asegurarse. Si la piden en un restaurante mexicano en España es bueno añadir que la hagan “bien cargadita” porque si no la ponen para maricones muy flojita, ya que asumen que a ningún español le gusta el picante.

Total, que como todos sus componentes pueden encontrarse en cualquier súper bien surtido (ej: en Hipercor, y no me dan comisión), les animo a prepararse una en casa y disfrutar de su sabor.

Esta es mi receta (for dummies):

INGREDIENTES

Vaso de al menos 40cl
Plato de postre
Cuchillo
Cucharilla de café
Botella de tercio de cerveza Pacífico (realmente prefiero la Victoria, pero en España no la hay) bien fría
2 cubitos de hielo
Puñado de sal fina
Una lima (la fruta, se entiende)
Dos cucharaditas de salsa Worcesteshire (Lea & Perrins es la marca más habitual)
Dos cucharaditas de salsa Maggi
6 gotas de tabasco

salsa Perrins

salsa Perrins

PREPARACION

Extender la sal fina sobre el plato de postre
Humedecer el labio del vaso y rotarlo sobre la sal para que ésta quede adherida al borde (lo que los técnicos llaman “escarchar”)
Echar los 2 cubitos de hielo
Exprimir la lima echando el jugo en el vaso
Pelar un poco de la cáscara de la lima y tirar en el vaso
Añadir las 2 cucharadillas de Perrins y 2 de Maggi
Verter las 6 gotas de tabasco
Remover todo con la cuchara
Echar la cerveza
Volver a remover con la cuchara

 

VARIANTES

Algunos mezclan pimentón molido con la sal
Se puede echar más hielo si se quiere, pero recomiendo no más de 3 cubitos, si no queda muy diluida
También hay quien exprime 2 limas en lugar de 1, o un limón
Lo de la cáscara de lima es un toque personal, no se lo he visto hacer a nadie más, pero a mí me mola
A mí me gusta fuertecita, para los que la prefieran más suave, reduzcan la dosis de salsas y sobre todo no le echen más de tres gotas de tabasco si no les gusta el picante
Otras recetas usan salsa de soja en lugar de la Maggi
Si no se encuentra cerveza Pacífico, recomiendo Sol, Coronita, Dos Equis o cualquier otra cerveza rubia clara y ligera (ej: Bud, Presidente, Asahi, etc)

Acompáñese con totopos dippeados en salsa verde San Marcos

Ya me dirán qué les parece

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Tal día como hoy hace ocho años iniciaba yo en Roncesvalles mi camino hacia Compostela. Fueron 33 días para recorrer unos 750 kilómetros, todo a pata y mochila al hombro, como en los viejos tiempos. Y en solitario. Bueno, no del todo porque uno siempre hace amigos en El Camino, pero vamos, que iba a mi bola y sin acompañantes fijos.

Me dio por emprender esta aventura porque llevaba unos meses en paro, estaba libre de compromisos y me dije que era la oportunidad de hacer algo así, sin prisas y tomándome el tiempo necesario. 33 días de hecho es una marca bastante pobre, casi todo el mundo lo hace en entre 25 y 30, incluso un prejubilado Basauritarra que conocí la primera noche se jactaba de haberlo hecho en 18 días, asustadito me dejó; y el tío era la quinta vez que se iba “a saludar a Santi”, como él lo llamaba. Lo perdí de vista al día siguiente, vaya ritmo llevaba el jodío.

Yo lo empecé en Roncesvalles

Yo lo empecé en Roncesvalles

Para mí la gran gracia de El Camino fue precisamente esa: ir con calma, disfrutando de cada paso, relajadito, y aprovechando para degustar las delicias gastronómicas de las distintas provincias que se atraviesan. Un txuletón memorable en Navarra, pochas en La Rioja, lechazo de churra en Palencia de los que se derriten en la boca, espectacular cocido maragato en Astorga, un botillo (me lo zampé entero yo solito) en El Bierzo y ya en Galicia, de todo: pulpo, rape a la gallega, callos con garbanzos, ternera, lacón, y la gran traca final, una supermariscada en el mismito Santiago para celebrarlo. Lo mejor es que fuimos a un restaurante bastante puesto con pintas de peregrino (chándal de Pryca y sandalias) y todo el mundo en las otras mesas superencorbatados y tal. Cual aprendiz de Jesús Gil, me fumé un pedazo de Cohiba con un copazo de coñac del güeno ante las indiscretas miradas de la peña, sólo me faltó poner los pies encima de la mesa. No todos los días se celebra el final de una peregrinación, qué carallo.

Lo que me encantó de esta aventura fue la sensación de libertad, de estar en control de mi propio destino. Tenía todo lo necesario en mi mochila y, cual si fuera un caracol bípedo, decidía sobre la marcha hasta dónde caminar cada día, dónde parar a echar una siesta, dónde comer, etc. Hubo días que caminé más de 30 kilómetros, otros 15, según me diera. A veces hacía etapas largas en 5 ó 6 horas y en una ocasión tardé 10 en una etapa corta, me dio una pequeña pájara y  tuve que parar varias veces a descansar; mi condición física entonces era tan deplorable como ahora. De noche, dormía a pierna suelta a pesar de que en algunos albergues pernoctábamos más de 50 peregrinos en una misma habitación, pero está uno tan cansado que a las 9 ya se le caen los párpados. Y a las 6 ó 7 de la mañana, diana y a caminar.

Vieiras también comí unas cuantas

Vieiras también comí unas cuantas

Como dije, iba solo y hubo tiempo para la meditación y la introspección, algo muy saludable, aunque también conocí mucha gente: de Brasil, Nueva Zelanda, Estados Unidos, Austria, Uruguay, Francia, Holanda, Italia, Alemania, Australia… los españoles éramos más bien minoría. Y había un buen rollito que te cagas, muchas veces hacíamos fondo entre varios, comprábamos cuatro cosas en la tienda del pueblo y montábamos una cena comunitaria en el albergue. Hasta se liga y todo. Hakuna Matata.

Ya imaginarán que el rollo religioso no era para nada mi motivación para este peregrinaje, ni siquiera en plan movida espiritual-ascética, ni nada por el estilo. De hecho, un amigo me recomendó leer antes de salir el libro de Paulo Coelho “El Peregrino de Compostela” y lo tiré a la basura tras aguantar unas veinte páginas, vaya tostón, comida de tarro total. Sin embargo, fue en este viaje la última vez que fui a misa motu proprio (es decir, sin que sea bautizo, comunión, boda o funeral), así, porque hoy es hoy, me apeteció y punto. Quieras que no el misticismo de El Camino te atrapa y te pones trascendental en algún momento. Nada que no cure una buena botella de tintorro.

Sí me emocioné mucho en la misa del peregrino en la catedral de Santiago, donde además pudimos disfrutar del vuelo del botafumeiro, sufragado por unos turistas ingleses. No sé cómo funcionará ahora, pero en aquel entonces el botafumeiro sólo lo sacaban a pasear “de oficio” los domingos, el resto de días había que apoquinar como 10.000 pelas, que por suerte pagaron los guiris. Después, despedidas llorosas en la plaza del Obradoiro y cada mochuelo a su olivo.

Obradoiro Square: Game Over

Obradoiro Square: Game Over

De todo el periplo, la etapa que más me gustó fue la escalada a O Cebreiro, que supone la entrada en Galicia y la subida más dura del recorrido. Para hacerla más divertida me dio por caminarla de noche, aprovechando que había luna llena. Empecé la ascensión como a las 11 y llegué arriba a las 3 y pico, con un frío que pelaba y fantasmagóricos jirones de niebla jalonando mi entrada en el pueblo. Sólo faltó que me saliera una meiga. Como estaba todo cerrado –lógico a esas horas-, monté el chiringuito en un cobertizo y tras fumarme un Montecristo para celebrar la hazaña, a romper la quietud de la noche a ronquido limpio. Aquí paz, y después gloria.

Pues eso, que hoy hace ocho años y me he puesto nostálgico. No les voy a dar la chapa con que me cambió la vida ni cosas de esas, más que nada porque sería mentira; pero sí les digo que repetiría el paseo sin dudarlo y desde luego se lo recomiendo a todos los que tengan tiempo para ello, que de pasta sale bastante barato y encima adelgazas y coges buen colorcito de cara al verano. Buen Camino.

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El domingo pasado fui una vez más a casa de mis papases a ponerme ciego a viandas tradicionales gallegas. Esta vez tocaba lamprea, la última de la temporada. La degustamos en todas sus variedades conocidas (conocidas por mí, quiero decir): en fiambre, en empanada, en escabeche y a la bordelesa con arroz. Atracón espectacular con digestión de pronóstico complicado amablemente facilitada por unas copas de orujete y un puro de los de jefazo gordo. Felicidad total.

Para quienes no lo sepan, la lamprea es un bicho antediluviano mu feo que técnicamente es un pez pero parece una culebra, algo similar a la anguila. Tiene una boca muy rara, circular y en forma de ventosa, con los dientecillos dispuestos en círculos concéntricos y una especie de lengua ósea. Con la ventosa se pega a sus víctimas (tiburones, salmones, mamíferos marinos, loquesetercie) y con los dientes y lengua raspa la piel de las mismas para hacer sangre y papeársela. O sea, que es de la familia de los chupópteros.

Lamprea sonriendo

Lamprea sonriendo

Nace en el río y tras 4-5 años se va a la mar, que en este caso no es el morir. Cuando alcanza la madurez sexual, midiendo hasta un metro de largo, remonta el mismo río donde nació para aparearse en desenfrenada orgía colectiva y terminar muriendo tras el desove.

Debido a su extraña boca, la lamprea no puede morderse la cola como la pescadilla, por mucho que lo intente

Debido a su extraña boca, la lamprea no puede morderse la cola como la pescadilla, por mucho que lo intente

En España, los ríos lampreeros más conocidos son el Miño, el Tambre y el Ulla, en Galicia; igual hay más, lo desconozco. El más reputado internacionalmente es el Garona, de ahí que la receta más popular de lamprea sea a la bordelesa, en la que la bicha se cuece en su propia sangre aderezada con vino, ajo, cebolla y laurel. El aspecto del plato no puede ser más desagradable, pero está buenísimo.

Sabe muy bien aunque no lo parezca

Sabe muy bien aunque no lo parezca

La temporada de la lamprea va de enero a abril, que es cuando remonta los ríos para procrear. No sé por qué no se pesca en el mar, el caso es que sólo se come en esa época. Y en abril ya empiezan a ser de peor calidad, de ahí el famosísimo dicho de “la lamprea, en marzo para el amo y en abril para el criado”, que se atribuye a Cunqueiro.

Ya los romanos consideraban este pequeño monstruo un manjar y lo consumían con fruición. Y cuentan que en la Edad Media se planteó un curioso dilema sobre la naturaleza de este animal que hubo de resolverse mediante bula papal. En un principio, no se ponían de acuerdo los ecologistas de la época en si clasificar la lamprea como carne o como pescado. Su aspecto ofídico y lo denso de su carne (es una bomba en el éstomago, lo más cercano que conozco en términos de potencia es la ventresca de atún) llevaban a muchos a decir que era producto cárnico. Esto suponía una gran putada, pues entonces habría que prohibir su consumo en Cuaresma, lo que reduciría la temporada a poco más de un mes. Obviamente, los ricachones, nobles, obispos y demás potentados no iban a permitir que se les privara de tan delicado manjar y recurrieron al Papa, que es infalible y lo sabe todo, para resolver la disputa. Como era de esperar, el santopadre dictaminó que era obvio que se trataba de un pez y por supuesto podía comerse en Cuaresma. Acertó esta vez.

Creo que la historia esta es leyenda urbana, ya que no he encontrado nada al respecto en Internet. Pero como mola, pues la cuento. En mi opinión, la leyenda viene porque muchos Papas, tan frugales ellos, eran muy amigos del consumo de este pez. Como Julio II, que se las comía a puñaos.

Otra posible fuente del bulo de la bula es que en el “Libro de Buen Amor” del Arcipreste de Hita, en el pasaje de la batalla de Doña Cuaresma contra Don Carnal, estrofa 1114, se incluye entre los aliados de la doña a: “Sábalos et albures et la noble lamprea de Sevilla”, que algún erudito dice que es una referencia a Leonor de Guzmán, favorita de Alfonso XI. De todo esto me acabo de enterar googleando un poco, que soy pedante pero no tanto, no se me asusten.

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Hace casi 9 años que soy miembro de Campaign for Real Ale (CAMRA), el mayor movimiento de consumidores en Gran Bretaña con unos 95.000 afiliados. Como su propio nombre indica, CAMRA se dedica a hacer campañas a favor de la cerveza inglesa tradicional, que estuvo a punto de desaparecer en los 70 víctima de la voracidad de las multinacionales del sector, pero que gracias a esta asociación –fundada en 1971- sobrevivió y hoy en día goza de bastante buena salud.

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Los (muy pocos pero muy inteligentes y guapos) que me leen habitualmente ya sabrán de mi afición cervecera, así que era cuestión de tiempo que terminara uniéndome a tan noble institución. Sucedió en el Great British Beer Festival (GBBF), la feria anual que organiza CAMRA en Londres y que es la auténtica Disneylandia de los cerveceros. Me atrevería a decir que es mejor que la Oktoberfest de Múnich, aunque sería muy aventurado por mi parte ya que nunca he estado en ésta. Pero por algo le llaman al GBBF “el pub más grande del mundo”.

Durante 5 días en agosto cada año el GBBF permite degustar más de 500 cervezas diferentes, la gran mayoría inglesas pero también de otros lugares. Además te dan un programa donde vienen listadas todas las cervezas con sus características, notas de cata e indicaciones sobre en qué zona del recinto las puedes encontrar. Es la hostia. Por supuesto, cada una tiene una casillita al lado para ir marcando según vas bebiendo y luego acordarte.

El surtido del GBBF es impresionante

El surtido del GBBF es impresionante

Pocas veces en mi vida he sido más feliz que los días que he pasado en el GBBF, en jornada intensiva de 12 del mediodía a 10 de la noche, probando un ale tras otro. Fue histórico el de 2002, en el que en menos de 3 días probé 52 birras diferentes, que a razón de media pinta cada una vienen a ser algo más de 14 litros, nostá mal. Para pasar el rato entre pinta y pinta hay todo tipo de tómbolas, juegos tradicionales (tipo “la rana”, bolos y eso), música en vivo, puestos de comida guarrindonga, tiendas especializadas en coleccionismo cervecero, camisetas, tatuajes, etc. Vamos, lo que se dice el puto paraíso. El único problema es que el sitio es un bosque de nabos.

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Además de promocionar el Real Ale (cerveza tradicional inglesa con segunda fermentación en el barril) y defenderlo del continuo ataque de las grandes cerveceras, CAMRA también apoya el clásico pub inglés de toda la vida, y edita magníficas guías de pubs de las principales ciudades inglesas, así como rutas turísticas cerveceras por ese y otros países. Es miembro fundador de European Beer Consumers Union, la unión de organizaciones cerveceras europeas, entre las que por desgracia no hay ninguna española.

Brinden por ellos cada vez que beban una buena cañita!

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Ayer fue un día memorable. Todo salió bien. Comenzó como tantos otros domingos, yendo a gorronear papeo a casa de mis padres. Esta vez la cita era ineludible, pues mis progenitores venían de pasar unos días en su Galicia natal y tuvieron el detalle de acercarse al mercado de La Coruña para traer abundante mercancía: navajas, almejas, berberechos, percebes, camarones, nécoras, cigalas, nos pusimos hasta las orejas. Una de las pocas cosas buenas de la crisis es que todo este género está a un precio mucho más razonable que hace un año. Aprovechemos.

Abotargados por tamaña ingesta y por el albariño, al jardín a pasar un rato al solecito haciendo la fotosíntesis con la inestimable compañía de un güiskito y un purazo. Éxtasis. En un momento dado mi padre comenta “Chaval, a que está bueno este Toshiba?”, respondo “Sí, de puta madre, pero es un Cohiba…”, “jajaa, que lío más tonto”. Y tras esa profunda conversación retomamos la dura tarea de ver pasar las nubes.

Luego, al Calderón. Qué partidazo. Hacía tiempo que no vibraba tanto en un estadio. Me considero un aficionado moderado, cabal y razonable, que disfruta de los vaivenes del fútbol sabiendo que sólo es un juego, no nos va la vida en ello. Pues ayer me sorprendí a mi mismo gritando como un energúmeno, comportándome como un auténtico hooligan. Hasta confieso que coreé algunos cánticos que rayan en lo ilegal, como ese inolvidable “Eres un yonki, Guardiola eres un yonki” cantado a ritmo de “Guantanamera”. O el “Alves, muérete” dedicado al lateral derecho del Barça tras fingir una lesión. Lo de Guardiola me hizo mucha gracia, porque es algo que había pensado alguna vez. Vean si no este cromo, no me digan que no tiene pinta rarita cuando menos:

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El caso es que yo vi mal al Barça desde el principio. Salió acogotao, temeroso de perder, sabedor de que era mejor equipo pero también de que no podía fallar. Y el Aleti vio el miedo en sus ojos y se tiró a la yugular. Ganamos por rabia, coraje, cojones, furia, mala hostia, por decir “seréis muy superiores, pero por la gloria de mi madre que hoy aquí palmáis”. Calidad, sólo la que ponen los cuatro de delante, porque el resto de eso va muy cortito. Incluso pudimos perder por culpa de nuestra esperpéntica defensa.

Hace muy poco criticaba yo al Kun (y me reafirmo en todo lo escrito), y ayer me quedé afónico gritando sus goles, todavía me duelen las palmas de tanto aplaudir. Er fúmbol es azín. En la celebración del cuarto gol perdí los pocos papeles que me quedaban y me fundí en un tierno abrazo con el desconocido que tenía a mi derecha. La locura, el desvarío. Así es mi Aleti.

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De vuelta a casa, continuamos la fiesta devorando algunos bichejos que habían sobrado de la comida -gracias San Tupperware- y viendo una y otra vez las repeticiones (vaya gol nos robaron, por cierto). Ya calmados, a ver qué ha pasado en las erecciones vascas y gallegas. Y ahí también buenas noticias para redondear la jornada. Parece que puede llegar el muy necesario cambio a Euskadi y Galicia ha dicho un rotundo NO al desgobierno del bipartito. Cojonudo, ponme otra copa.

Entre pitos y flautas me acosté casi a las tres y tengo un peazo resaca cosa mala. Resaca en lunes. Ni a mi peor enemigo se lo deseo. Pero que me quiten lo bailao.

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Hace unas semanas hicimos una escapada con unos amigos a Peñafiel, epicentro de la Ribera del Duero. Fuimos a visitar una bodega que yo nunca había oido mentar, pero de la que uno de los dueños es primo del amigo del tío del vecino de un compañero de trabajo de mi cónyuga. O algo así.

Se llama Tamaral. Nombre difícil de olvidar, incluso para mí, que llevo una empanada mental permanente de grado 3. Basta con acordarse de un famoso dúo aragonés y/o de la entrañable intérprete del inolvidable “No cambié, no cambié”, y el nombre le vuelve a uno a la memoria sin problema.

 

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Nos dieron un breve tour por las instalaciones y luego, a lo importante: a catar. Bueno, lo de catar es un eufemismo, porque de lo que se trata es de ponerse ciegos a vino (nosotros) y de vender cajas (ellos). Ambos objetivos fueron sobradamente cumplidos.

Uno de los caldos que produce esta bodega me sorprendió gratamente, merece realmente la pena, y es el motivo por el que escribo todo este rollo. Se llama “Finca la Mira”, es un reserva, me gustó más que cualquier reserva de Ribera de marcas más famosas (Protos, Pesquera, Arzuaga, etc), y tiene un muy buen precio para lo que se estila en la zona (€21 ahí en la bodega).

No voy a dar la brasa con notas de cata y todo eso, pero es un vino poderoso, contundente, en el mejor estilo de Ribera, con 14º bien llevados y no “rasca”. Mencantó. Y no me dan comisión, eh?

Para redondear el plan nos metimos un lechazo en “Asador Mauro” de los que hacen época. Qué jartá a comer, diossss. Y para terminar con la liturgia propia de estas escapadas, visita al castillo que imponente se alza sobre tan noble villa, para culturizarnos un poco y estirar las piernas.

Planazo de Sábado muy recomendable para los que vivan en los Madriles y alrededores.

-¿y está muy lejos?
– Pues no, oiga, en poco más de hora y media se planta usté ahí, y sin arriesgar los puntos

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