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Posts Tagged ‘naturaleza’

Ese es el título que le pondría a mi reciente visita al Parque Nacional de Las Tablas de Daimiel (tonta ella y tonto él…), pequeño pedazo de paraíso manchego que tenemos tan cerca y sin embargo parece que tan poco apreciamos.

Agua. Las Tablas están llenitas de ella. Tras años de pertinaz sequía y continuada sobreexplotación del acuífero que las alimenta, llegando a niveles de inundación alarmantemente bajos, las Tablas renacieron en invierno de 2010 gracias a las abundantes lluvias. Tan secas estaban que se había declarado un incendio subterráneo que amenazaba con terminar con este preciado ecosistema para siempre. Se llegó a construir con urgencia una tubería desde el trasvase Tajo-Segura al Cigüela y a través de éste inundar el parque para apagar las llamas. Justo cuando comenzó a llegar el agua trasvasada, cayeron en la zona las mayores lluvias desde que se tienen registros y todo quedó anegado en un pispás. Ley de Murphy.

Antes y después: las Tablas en agosto 2006 y enero 2010, cuando resucitaron

Los guardas comentan que no se han visto las Tablas tan espléndidas desde 1997. Casi el 100% de su extensión estaba bajo el agua en la primavera de 2010, frente a apenas el 1% a finales de 2009. Aprovechen para hacer una escapada, que no está nada claro que la cosa vaya a durar y lo más probable es que en unos pocos años vuelvan tiempos difíciles. Que en menos de dos horas se planta uno ahí desde Madrid, y además es gratis. Para contratar una visita guiada miren aquí. Y para reponer fuerzas tras un activo día en la naturaleza, recomiendo encarecidamente el restaurante El Bodegón en Daimiel, excelente.

Mentiras, las que circulan acerca del Guadiana. El saber popular afirma que el Guadiana “desaparece y reaparece” y se utiliza su nombre coloquialmente para describir eventos intermitentes o impredecibles. De pequeñitos nos enseñaron que el Guadiana nace en las Lagunas de Ruidera y se sumerge en la tierra poco después para rebrotar con renovado vigor 50 kilómetros más lejos en los Ojos del Guadiana, cerca de los cuales forma junto con el Cigüela (o Gigüela) las famosas Tablas de Daimiel.

Pues bien, la historia es más falsa que un billete de 7 Euros. Para empezar, porque los Ojos del Guadiana llevan totalmente secos desde mediados de los ochenta, ni una triste gota brota de ellos desde entonces. La autocombustión de turbas (el mismo fenómeno que casi acaba con el parque en 2009) ha convertido la zona en un paisaje cuasilunar, irrecuperable. Así que el Guadiana lleva ya más de 25 años naciendo en las Tablas, los Ojos se han ido a tomar por culo. Incluso en los últimos años, en los que el parque estaba seco, el nacimiento de tan peculiar río había que buscarlo en la depuradora de aguas residuales de Ciudad Real.

Es peligroso caminar por donde antes nacía el Guadiana

Porque tampoco es cierto que el Guadiana desaparezca y reaparezca. Como mucho, es una verdad a medias. Sí ocurría que el ahora llamado Guadiana Alto o Guadiana Viejo se infiltraba y desvanecía en Argamasilla de Alba, pero ahí acaba el tema. Lo que antes brotaba de los Ojos no era el mismo río, sino que eran el rebosadero del famoso “acuífero 23”, una enorme masa de agua subterránea (equivalente a 12mil estadios Santiago Bernabeu llenos hasta arriba) alimentada por múltiples corrientes y manantiales, entre los que estaba el Alto Guadiana, el cual aportaba sólo una pequeña parte del caudal total del acuífero. Digo “aportaba” porque desde que se construyó el embalse de Peñarroya en 1959 ya no aporta absolutamente nada.

La sobreexplotación del acuífero 23 para regadío ha hecho que su nivel descienda tanto que ya no rebosa, y por ello los Ojos están secos. En 1992 el nivel de agua estaba a 40 metros bajo tierra y ahora mismo a unos 20, así que todavía queda mucho para que renazcan. No es hasta las Tablas donde se acumula agua suficiente para formar lo que es el Guadiana de verdad. Y eso en años buenos, si no, como he dicho antes, hasta Ciudad Real no hay río.

Cauce seco del Guadiana entre los Ojos y las Tablas. Octubre 2010

Además, el Guadiana Alto no nace en las Lagunas de Ruidera, sino unos 30 kilómetros antes, en el municipio de Viveros. Para liar el tema todavía más, en ese tramo se le llama “Pinilla”.

Cientos de patos. Esto podría figurar en el capítulo “mentiras”, porque ni son cientos, que son miles, ni son todos patos, que hay fochas, grullas, garzas, somormujos, zampullines, flamencos y otras muchas aves que me acabo de aprender; algunas son residentes fijos y otras sólo paran a reponer fuerzas en su camino a o desde África. Pero me quedaba mejor el título así…

El caso es que con lo hermoso que está el parque este año, el número de aves que lo visita ha crecido hasta recordar épocas pasadas. Porque durante los oscuros años de sequía había menos patos que en el Manzanares. Parece que se ha corrido la voz de que las aguas han vuelto y la vida bulle de nuevo en las Tablas. Nos comentó el guía que la primavera que viene puede ser espectacular en cuanto a número de aves, a poco que la cantidad de lluvia de este invierno sea medianamente aceptable. Eso sí, para observarlas de cerca hace falta un poco de paciencia y unos buenos prismáticos.

Las aves han vuelto al parque. Octubre 2010

Termino con una explicación del término “tablas”. El accidente geológico denominado “tablas fluviales” se produce cuando se desborda el agua cuando un río (o varios) atraviesa un terreno con escasa inclinación. Se desborda entonces el río y queda un charco enorme con poca profundidad y casi sin corriente, donde crecen juncos y carrizos formando un tupido laberinto de canales. Esto forma un ecosistema único, del que las Tablas de Daimiel es uno de los últimos representantes en el mundo. Otros más famosos son la confluencia de los ríos Tigris y Eúfrates en Irak -que como imaginarán está prácticamente destruido- y el (mal llamado) Delta del Okavango en Botswana, que por ahora goza de una magnífica salud.

Así que a ver si cuidamos un poquito más lo que tenemos, que las Tablas se ven ahora preciosas pero en el fondo siguen en la UVI. La problemática de este Parque Nacional es mucho más compleja que las cuatro pinceladas que he dado en este post; para profundizar un poco más, lean este otro blog.

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Me ha llamado mucho la atención esta noticia, que ha pasado prácticamente inadvertida para la prensa española:

Se ve que las autoridades malayas, hartas de ver como el dengue continúa haciendo estragos en su población y viendo que las políticas de mejora del saneamiento urbano han fracasado una tras otra, han decidido tomar una medida tan creativa como aventurada contra esta enfermedad.

Los científicos malayos han conseguido modificar genéticamente al Aedes aegypti, el mosquito que transmite el dengue a los humanos, de manera que al procrear genere larvas con vidas mucho más cortas de lo normal. El plan es entonces soltar una buena cantidad de machos modificados para que se apareen con las hembras “normales” existentes en la naturaleza y produzcan una nueva generación menos longeva, y tras varias iteraciones conseguir así que el número de mosquitos se reduzca drásticamente. Incluso se cree que puede llegar a erradicarlos completamente.

El genoma de este mosquito, que también transmite la fiebre amarilla (vaya joya de bicho), fue secuenciado en 2007 por investigadores de la Universidad de Notre Dame en EE. UU., y gracias a ello se ha podido hacer la modificación malaya esta. Hasta ahora sólo conocía dicha universidad por habernos dado a Joe Montana, probablemente el mejor quarterback de la historia, ya veo que son buenos en otras cosas además de en football…

Así es el Aedes aegypti. Huyan si ven uno

Volviendo al plan anti-mosquito, afirman sus promotores que las pruebas en laboratorio han sido todo un éxito, y ahora van a testarlo soltando entre 2.000 y 3.000 ejemplares mutados en la naturaleza antes de fin de año, a ver qué pasa. Que esperemos que lo que pase sea lo que se espera que pase.

Encuentro fascinante que un plan así funcione. Es un poco jugar a ser Dios, cambiando la forma de ser de los animalicos a nuestro antojo. Aunque en el fondo no es muy distinto a lo que se lleva siglos haciendo en ganadería y agricultura: a base de seleccionar los especímenes más interesantes hemos creado cantidad de variedades y razas de plantas y animales. Esto es un poco más bestia porque en lugar de hacerlo poco a poco directamente se toca el código genético (que en agricultura se hace también desde hace años), pero vaya, la idea es la misma.

Sin embargo, me asaltan algunas dudas. Primero, entiendo que la selección natural debería hacer que a largo plazo los mosquitos “de toda la vida” se impusieran a los nuevos, ya que éstos al morir antes también se reproducirán menos –esa es la idea-, y digo yo que siempre quedará un reducto de Aedes aegypti originales que poco a poco irán superando en número a los introducidos. No sé si igual el plan es hacer sueltas periódicas de mosquitos nuevos para ir contrarrestando esto, o si se me escapa algún detalle, que la verdad es que los artículos leídos dan bastante pocos.

Segundo, como afirman algunos grupos ecologistas, pienso que siempre hay una probabilidad de que algo vaya mal y salga el tiro por la culata. Quién sabe si con la nueva configuración genética el bicho resultante es menos estable y muta en algo peor. O si al mezclarse con otros mosquitos sale alguna terrorífica especie nueva. Puede uno imaginarse cantidad de escenarios tipo película cutre de ciencia ficción. Que la realidad siempre es distinta al laboratorio y hay cantidad de cosas sobre la evolución de las especies que todavía desconocemos. Los experimentos, con gaseosa.

Tercero, incluso si el plan sale bien, me da que no se han evaluado lo suficiente los posibles daños colaterales. Por ejemplo, qué pasará con las aves, reptiles, anfibios y peces que se alimentan de estos insectos? Podrán seguir subsistiendo si los números de éstos caen en picado?

En este blog se habla de otro plan que parece más currado y que por lo visto se quiere implementar contra la malaria: se ha modificado el anófeles –mosquito vector de esta enfermedad- para por un lado reducir su capacidad de transmisión del mal y por otro aumentar su fertilidad, lo que hará que a largo plazo reemplace al anófeles original. Esto me parece a mí más viable, pero bueno, yo no tengo ni puta idea de esto, así que no me hagan mucho caso.

De todos modos seguiré con atención el experimento en Malasia, ojalá que funcione y demuestre una vez más que tanta investigación y pajas mentales con la genética pueden dar resultados prácticos que ayudan a la gente.

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Desafiando a la crisis, Michurri y yo decidimos tirar la casa por la ventana y escaparnos de vacaciones a Seychelles unos días el pasado mes de agosto. Estuvimos en Denis Island, un lugar mágico que une a los valores tradicionales de este archipiélago (sol, magníficas playas, cristalinas aguas) el de ser una joya de la naturaleza.

Denis vista desde la avioneta, el norte a la derecha

Denis es una isla coralina de tan sólo 1,4 kilómetros cuadrados situada en el extremo norte del país, un pasito por debajo del Ecuador. No se tiene constancia del paso del hombre por este vergel hasta 1773, año en el que el explorador francés Denis de Trobriand puso su pie en él, dándole su nombre. Inicialmente la isla fue explotada para extracción de guano, y luego como plantación de coco. Quedan como únicos vestigios de esta época las ruinas de un pequeño poblado con su cementerio y todo, un faro de 1910 y algunos cocoteros que se optó por conservar cuando se repobló la isla con flora autóctona hará unos 30-40 años.

Mapa del archipiélago principal de Seychelles

Hoy en día Denis presenta un aspecto probablemente muy similar al que tenía cuando fue descubierta. La gran mayoría de la isla está cubierta con un tupido bosque tropical que es posible visitar recorriendo los senderos que lo atraviesan. La única presencia humana está en la parte norte de la isla, donde hay un pequeño hotel de 25 habitaciones que combina sabiamente un lujo discreto con el respeto a la naturaleza que lo rodea. Además de dedicarse a mimarnos a los afortunados huéspedes, este establecimiento participa en un exitoso programa de conservación que mantiene la isla como un paraíso natural y que contribuye a la protección de especies endémicas en peligro de extinción.

En Denis pueden verse aves, reptiles y plantas que sólo se encuentran en algunas islas de Seychelles. La especie más espectacular tal vez sea la tortuga gigante de Aldabra, un bicharraco que cuenta sus años y sus kilos por cientos. Existe en la cercana isla de Bird un espécimen de casi 300 kilos que se cree que tiene entre 170 y 200 años, considerada la tortuga viva más vieja del mundo. En Denis hay un ejemplar de unos 120 años que está todavía en plena forma: pudimos comprobarlo viéndole montando a una hembra como un machote.

Pero sin duda la atracción principal son los pájaros. Hay aquí 5 especies endémicas de Seychelles, dos de las cuales fueron rescatadas del mismo borde de la extinción, además de muchas otras aves típicas del Índico occidental. Destaca el carricero de Seychelles, del que a finales de los 60 quedaban menos de 50 ejemplares en todo el mundo, todos en la pequeña isla de Cousin. Tras un ambicioso programa de reintroducción en otras islas, Denis entre ellas, hoy en día hay casi 3.000 de estos pajarillos, los cuales para indocumentados como yo son parecidos a un gorrión. Es una de las mayores historias de éxito del conservacionismo moderno.

No menos importante es la shama de Seychelles, que en los 70 contaba con sólo 16 supervivientes, todos en Fregate Island. Pese a los enconados esfuerzos por preservar la especie y extenderla a otras islas del archipiélago, en los 90 sólo se había aumentado su número a 23. Por suerte últimamente las cosas pintan mejor y se cree que hay ya unos 200 ejemplares, 24 de ellos en Denis.

Shama de Seychelles. De tanto estudiarlos, los pobres llevan más anillos que un rapero

Debajo del agua también hay mucho que ver. A pesar de que agosto es de los peores meses para el submarinismo, pues los vientos del sudeste alborotan el mar y la visibilidad es bastante reducida, hicimos algunas inmersiones memorables. Pudimos ver decenas de tiburones (tres especies distintas en una sola inmersión), atunes, múltiples tortugas, mantas, rayas, langostas e incluso un marlín negro. Todo ello acompañado de cantidad de peces de colores y bichos varios de desconocido nombre. La pena es que el coral está muy dañado en estos lares por culpa del famoso El Niño de 1997-98, que en Seychelles hizo estragos.

Para los aficionados a la pesca Denis es como Disneylandia, sobre todo en esta época del año. La isla está en el borde de la plataforma de las Seychelles, así que no muy lejos de ella hay profundidades de 2.000 metros donde abundan los grandes peces. De hecho, no demasiado lejos de aquí faenan el Alakrana y otros barcos regularmente acosados por los piratas somalíes. La pesca es junto al turismo la principal fuente de ingresos del país. Nosotros sacamos 12 bestias de cuidado en una mañana, entre petos (wahoo en inglés) y atunes de aleta amarilla, de 8 kilos el más pequeño y 20 el más gordote, y se nos escaparon dos enormes peces vela. Terminé con los brazos como gelatina. Lo mejor fue zamparse tan sabroso botín, atracándonos a sashimi durante los siguientes días.

Wahoo (peto) de 20 kilitos

En lo que no tuvimos suerte fue en ver tortugas marinas desovando en la playa. Hicimos un largo paseo nocturno a la luz de la luna por si sonaba la flauta pero no pudo ser, y eso que aquí vienen con relativa frecuencia durante todo el año, ya sea la tortuga carey o la verde. Tampoco pudimos hacer el paseo guiado con uno de los naturalistas que residen permanentemente en la isla, realizando tareas varias de seguimiento de las especies más delicadas, pues no es fácil encontrar un hueco en su agenda y encima el hombre no se encontraba bien.

En fin, que recomiendo vivamente una visita a este edén a todos los amantes de la naturaleza (aunque advierto que es caro de cojones). Sobre todo si no les importa convivir con pequeños detalles como geckos color verde chillón correteando por las paredes de la habitación, enormes arañas colgando de las palmeras, tábanos pesaos cual vaca en brazos, ver una aleta de tiburón nadando a 10 metros de la orilla o recibir alguna cagadilla que otra en la calva.

Playa de Denis Island

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Con preocupación escuché el domingo la noticia de que se había declarado un incendio en la muy aislada y poco conocida zona de Las Arribes del Duero. Nunca gusta oir que se quema el monte, y si además sucede en una zona tan bonita y que uno ha visitado recientemente, pues como que entristece más. Por suerte se ve que el fuego está controlado y cuando lean estas líneas seguramente ya esté apagado, pero entretanto se ha zampado nada menos que 1.000 hectáreas. Se cree que es provocado. Como pille al hijo de la gran puta del pirómano responsable de esto, le quemo los cojones con un soplete.

Yo tuve la fortuna de pasar unos días por este parque natural la pasada primavera, explorando sus senderos y vericueteando alegremente por pistas de tierra en 4×4. Me pareció espectacular, no sólo por la belleza incomparable de sus paisajes, sino también por la soledad y tranquilidad que se respiraba en la mayoría de ellos.

Para quienes no hayan oído hablar de este paraje, Las Arribes (o Los Arribes, como también se dice) vienen a ser las tierras aledañas a los cañones del río Duero, que en este tramo hace de frontera entre España y Portugal. Por tierras zamoranas, salmantinas y portuguesas se suceden profundos cañones repletos de abundante flora y fauna, conformando un precioso paisaje a ambos lados del poderoso río. El hecho de que éste esté domado por algunos de los embalses más impresionantes de la península no quita por suerte monumentalidad al entorno.

Uno de los sitios que más me gustó fue el punto donde el Esla vierte sus aguas al Duero, cerca de Villalcampo. Para llegar hasta allí hay que ir unos pocos kilómetros por pista de tierra, que en su tramo final se torna prácticamente campo a través, y luego trepar cual cabra por los imponentes riscos que dominan el punto de unión de ambas corrientes. Llega uno agotadito, pero la solemne vista compensa el esfuerzo, salvo que se padezca de vértigo. Y está uno totalmente solo y con silencio absoluto. Mientras retomaba el resuello pude deleitarme contemplando el planear de un alimoche, varios buitres leonados y unas cuantas rapaces más que mis limitados conocimientos ornitológicos no me permitieron catalogar. Llamémoslas RVNIs: Rapaces Volantes No Identificadas.

Desembocadura del Esla. Hasta lo más alto de las peñas de la izquierda me subí yo. Imagen copiada de senderismozamora.blogspot.com

La localidad que parece más afectada por el incendio es Villarino de los Aires, cerca de la cual hay un par de rincones que merecen la pena: el Teso de San Cristóbal, desde donde se percibe el Tormes acercándose a su fin, y la desembocadura de este río propiamente dicha.

Ya en la limítrofe Pereña de la Ribera, donde también llegó el incendio, tenemos el mirador de Nuestra Señora del Castillo y el acceso a otro lugar paradisíaco: el Pozo de los Humos, una bonita cascada de 50 metros de alto cuyas salpicaduras se elevan al cielo formando en ocasiones una especie de humo que le da nombre al sitio. Hay dos interesantes formas de admirar este salto: yendo por Pereña se ve el pozo desde arriba y enfrente, y yendo desde Masueco se llega hasta la mismísima cascada. El problema es que si se va en un día festivo y soleado como hice yo, se encuentra uno ambas rutas convertidas en una romería de domingueros, con lo que los gritos de “Kevin, cómete el bocata” o “mamá, mira, una rana”, deslucen bastante la experiencia.

Vista del pozo de los humos desde el camino de Pereña. Yo lo ví así, con poca agua

Similarmente, darse un chapuzón en la cercana playa de El Rostro produce sensaciones encontradas, ya que es una playa fantástica, rodeada de altísimos acantilados, pero cuando la visité había un par de grupos de adolescentes haciendo botellón y retándose a realizar todo tipo de piruetas en el agua para determinar quién era el macho dominante de la manada, con gran regocijo de las expectantes hembras y exasperación del excursionista.

Todo lo contrario ocurre con mis dos otros puntos favoritos del recorrido: los miradores de Peña Redonda (Villardegua de la Ribera) y el de la Peña de la Vela (Hinojosa de Duero), inundados de tal tranquilidad que puede escucharse el leve roce de las alas de los buitres surcando el aire bajo las narices de uno. Aunque debo decir que volviendo de mi visita a Peña Redonda sufrí una acosante persecución por parte de una jauría de mastines propiedad de un pastor al que parece que no le entusiasmó mucho verme enredar por esos lares. Menos mal que iba en coche.

Panorama desde la Peña de la Vela. Lo de enfrente es Portugal. Imagen de http://www.flickr.com/photos/martin_ruiperez/

Otro punto imprescindible de una buena ruta por Las Arribes es el salto de Aldeadávila, una obra de ingeniería de las que cortan el hipo. Esta presa produce ella solita en torno al 10% de la electricidad de la Red Nacional y según Wikipedia es una de las más emblemáticas a nivel mundial. Está situada en un rincón espectacular, encajonada entre cortados de más de 400m de altura. Caminando hasta el cercano Picón de Felipe puede admirarse el paraje en todo su esplendor y recrearse una vez más en el silencioso planeo de los buitres. También es recomendable recorrer la infernal carretera que lleva al edificio de control de la presa y asomarse a los dos miradores que hay justo sobre el muro de la misma. No apto para vértigohabientes.

Presa de Aldeadávila de la Ribera

Finalmente, para que no se me acuse de chovinista, también es de ley glosar las maravillas de Las Arribes en el lado portugués. La panorámica desde Penedo Durão es probablemente la mejor de la comarca, y si, como dice el anuncio, te gusta conducir, no se puede obviar la sinuosa carretera entre Barca D’Alva y Freixo de Espada À Cinta, que transita justito por encima del Duero con grandes vistas. Ya para nota es perderse por las pistas y carreteruelas que rodean Mazouco, el sueño de todo aventurero dominguero que se precie.

Me dejo muchos otros bucólicos sitios en el tintero, pero tampoco quiero aburrirles más de lo estrictamente necesario. Sitios como el mirador de la Code, Vilvestre, Fregeneda, Vega Terrón, Saucelle, Fermoselle, Ribeira do Mosteiro, Vilarinho dos Galegos, San Pedro de la Nave, Pino de Oro, las chiviteras de Torregamones, y un largo etcétera, todos merecerían al menos unas líneas en este relato. Los dejo para otro día, tal vez.

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Que en un italiano improvisado y seguramente incorrecto viene a intentar querer decir “los estorninos son unos cabronazos de cuidado”. Y es que cada mes de noviembre, como siempre sin tarjeta, llegan al atardecer hordas millonarias de estos pájaros sobrevolando Roma en busca de un lugar donde pasar la noche. Hasta ahí todo bien, el espectáculo es impresionante, forman auténticas nubes vivientes que dibujan caprichosas formas en el cielo y chocan y se separan y se vuelven a unir unas con otras en una fantástica orgía de movimiento. Véanlo en este espectacular vídeo:

El problema es cuando cae la noche y dejan de volar. Una vez encontrado el lugar adecuado, normalmente uno de los numerosos parques o alamedas que adornan la Ciudad Eterna, los bichos estos además de dormir, cagan. Claro, no es lo mismo una cagada de gorrioncillo solitario que tropecientosmil estorninos cagando a la vez en el mismo sitio, convirtiendo esta bella ciudad en un enorme depósito de guano. Al que tenga la mala suerte de aparcar su vinículo bajo uno de los árboles elegidos le espera una desagradable y maloliente sorpresa a la mañana siguiente.

La mierda de estornino es bastante corrosiva para la piedra de los numerosos monumentos romanos, convierte el empedrado de las calles en una pista de patinaje y le cuesta un pastón en tintorería y túneles de lavado a los sufridos ciudadanos. Incluso el año pasado se mascó la tragedia cuando un avión de Ryanair que aterrizaba en Ciampino (aeropuerto muy cercano al centro) chocó contra una enorme bandada estornínica y tuvo que realizar un aterrizaje de emergencia. Por suerte no pasó nada grave, pero hubo heridos leves e importantes desperfectos en las pistas del aeropuerto, que estuvo cerrado unos días.

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Estorninos en acción: el día después

En otras ciudades también pasa esto, pero en Roma el volumen de tráfico estorninil ha llegado a proporciones bíblicas, Hitchcock tenía que haber ambientado aquí “Los Pájaros”. Se calcula que unos 5 millones de estorninos llegan a Roma durante el otoño procedentes de Rusia y Polonia, para pasar el invierno. Históricamente, los pajarracos se quedaban en los campos alrededor de la ciudad, pero entre el crecimiento de ésta y la mengua de aquellos, unido a que en la ciudad se está más calentito y no hay depredadores, pues los bichos se han acostumbrado a pernoctar en el centro. Luego por la mañana levantan vuelo para papear en el campo, y vuelta a “casa” por la noche.

La cosa ha adquirido tal magnitud que el ayuntamiento tiene desde hace 3 años un equipo de espantapájaros que se dedica a atosigar a los alados caganers para que se busquen otro sitio donde dormir –y cagar. Localizan dónde se ha posado un enjambre y acuden prestos con altavoces a través de los cuales emiten grabaciones con el grito de alerta de los estorninos amplificado cienes de veces, para así asustarlos y que se piren, hasta que vuelven a posarse en otro lugar. Claro que según se mire es peor el remedio que la enfermedad, ya que el grito de alerta este ha sido descrito como “una mezcla de uñas arañando una pizarra y chirrido de bisagras oxidadas”, imagínense los vecinos que escuchen esto en mitad de su descanso, vaya susto. Para ayudar en su tarea a este equipo hay una “línea verde”, 800088211, donde los romanos pueden avisar de la posición exacta de las aves y que vengan a espantarlos. Y así pasan la noche los “Stornibusters”, persiguiendo mierdas voladoras por el bien de la comunidad. Vaya desde aquí mi más sincero reconocimiento y aprecio por esta sacrificada obra, que dicen que parece estar funcionando porque ha bajado el número de estos incómodos turistas. Aunque sigue habiendo un huevo; a ver si por lo menos algún día les da por posarse en la cúpula de la basílica de San Pedro y le sueltan su mercancía a Benedicto a modo de signo divino!!

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Escenas como esta se repiten cada atardecer en el otoño-invierno romano

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Posiblemente ya conozcan esta triste historia, pues ha salido varias veces en los informativos y le han dedicado unos cuantos documentales. Pero no por más conocida me parece menos espeluznante, cada vez que leo algo sobre ello se me cae el alma al suelo. Se trata de la lenta (bueno, no tan lenta…) desaparición del mar de Aral, caso parecido y todavía más trágico que el del Salton Sea, que ya les conté hace algún tiempo.

El viernes pasado el suplemento “Natural” del ABC traía un estupendo artículo sobre los cambios sufridos por el planeta en los últimos años, con fotos comparativas del “antes” y el “después” de tan siniestra operación de estética. El desastre del Aral ocupaba un lugar destacado, con unas fotos impresionantes, y me hizo recordar su historia.

A la izquierda, el Aral en 1998. A la derecha, lo que quedaba diez años después. El tenue trazo gris indica su extensión original

A la izquierda, el Aral en 1998. A la derecha, lo que quedaba diez años después. El tenue trazo gris indica su extensión original

Hasta los años 60 este mar era el cuarto lago por extensión del mundo, con una superficie de 68.000 kilómetros cuadrados, que para que nos entendamos equivale a un poco más del doble de Cataluña. En ese momento el Aral estaba íntegramente en territorio de la Unión Soviética (hoy, lo que queda se reparte entre Kazajstán y Uzbekistán), y eso fue lo que selló su destino, ya que los iluminados gobernantes de dicho estado decidieron que tanta agua junta pa qué, y desviaron el curso de los dos grandes ríos que lo alimentaban, el Amu Darya y el Syr Darya, creando una inmensa huerta en la zona para mayor gloria de la dictadura del proletariado. El cultivo más extendido era el de algodón, bautizado en la zona como “oro blanco”; Uzbekistán es todavía hoy uno de los mayores exportadores de este vegetal.

Tan desafortunado plan se gestó ya en 1918, aunque la construcción de canales a gran escala no comenzó hasta los años 40. Al más puro estilo soviético, los canales eran bastante chapuzas y perdían casi más agua de la que transportaban, con lo que cada vez había que desviar más agua. Los efectos de este continuo trasvase empezaron a notarse a principios de los 60, cuando el Aral comenzó a encoger.

Poco a poco el mar se iba secando, ya que apenas llegaba agua de sus ríos tributarios, disminuyendo su nivel unos 20cm al año entre 1960 y 70, 55cm al año en los 70, y casi 90 cm/año en los 80. Esta aceleración en la mengua del lago es debido a que el flujo de agua que se extraía de los dos ríos crecía sin parar, en el 2000 fue el doble que en 1960. La producción de algodón de la zona también se dobló entre esos dos años. Por el contrario, la otrora boyante industria pesquera del Aral iba evaporándose al mismo ritmo que sus aguas. Llegó a producir la sexta parte de todas las capturas de la Unión Soviética y hoy en día es prácticamente inexistente.

En 1987 el Aral quedó dividido en dos lagos: Aral Norte y Aral Sur, el último de los cuales se volvió a dividir en zona Este y Oeste en 2003. La zona Este ya se ha evaporado casi en su totalidad y se cree que la Oeste resistirá más, aunque sigue menguando.

Todo esto no fue ninguna sorpresa, ni fruto de ningún error de cálculo. Era parte del plan. Los ingenieros que diseñaron y ejecutaron el proyecto sabían que el mar desaparecería. Consideraban el Aral un “error de la naturaleza”, así que poco se hizo por evitar su declive, y el tímido plan que se diseñó en los 80 fue abandonado por su elevado coste, inabordable en plena crisis de la URSS. De hecho, el mar está tardando en desaparecer más de lo previsto porque existen manantiales subterráneos desconocidos hace 50 años que todavía lo alimentan.

El agua que queda está cada vez más contaminada con fertilizantes, pesticidas y mierdas varias, y su salinidad se ha disparado; en algunas zonas llega a triplicar la de los océanos. En esas condiciones, la mayoría de bichos que habitaban en él han desaparecido hace tiempo, sólo el Aral Norte conserva peces. Encima, el lecho del mar que queda al aire tiene tanta porquería que es un peligro para la salud pública. La sal se incrusta por todas partes y obliga a utilizar cada vez más agua para los cultivos, lo que acelera la desaparición del lago. El clima en la zona se ha endurecido, los inviernos son mucho más fríos y los veranos tórridos, al haberse perdido la función atemperadora del agua. Así que los habitantes de por allí están contentitos con el embolao, vaya.

En la mayoría de mapas se empeñan en seguir mostrando el Aral como era hace 50 años

En la mayoría de mapas se empeñan en seguir mostrando el Aral como era hace 50 años

En 2005 Kazajstán comenzó un plan para recuperar la zona norte del lago (que es “la suya”, los uzbekos que se busquen la vida…), haciendo una presa que la aísla totalmente de la zona sur, la cual está condenada a desaparecer casi por completo. Este era el tercer intento de “blindar” el Aral Norte, los dos anteriores fracasaron estrepitosamente. Parece que a la tercera va la vencida y los resultados son esperanzadores: en las fotos se aprecia que el Aral Norte ha crecido algo en los últimos años y lo seguirá haciendo, sobre todo porque en teoría este año se inaugura un nuevo dique.

Hoy en día sólo queda un 10% de este otrora inmenso lago. De ocupar más del doble de Cataluña ha pasado en 50 años a ser como la provincia de Segovia.

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El domingo pasado fui una vez más a casa de mis papases a ponerme ciego a viandas tradicionales gallegas. Esta vez tocaba lamprea, la última de la temporada. La degustamos en todas sus variedades conocidas (conocidas por mí, quiero decir): en fiambre, en empanada, en escabeche y a la bordelesa con arroz. Atracón espectacular con digestión de pronóstico complicado amablemente facilitada por unas copas de orujete y un puro de los de jefazo gordo. Felicidad total.

Para quienes no lo sepan, la lamprea es un bicho antediluviano mu feo que técnicamente es un pez pero parece una culebra, algo similar a la anguila. Tiene una boca muy rara, circular y en forma de ventosa, con los dientecillos dispuestos en círculos concéntricos y una especie de lengua ósea. Con la ventosa se pega a sus víctimas (tiburones, salmones, mamíferos marinos, loquesetercie) y con los dientes y lengua raspa la piel de las mismas para hacer sangre y papeársela. O sea, que es de la familia de los chupópteros.

Lamprea sonriendo

Lamprea sonriendo

Nace en el río y tras 4-5 años se va a la mar, que en este caso no es el morir. Cuando alcanza la madurez sexual, midiendo hasta un metro de largo, remonta el mismo río donde nació para aparearse en desenfrenada orgía colectiva y terminar muriendo tras el desove.

Debido a su extraña boca, la lamprea no puede morderse la cola como la pescadilla, por mucho que lo intente

Debido a su extraña boca, la lamprea no puede morderse la cola como la pescadilla, por mucho que lo intente

En España, los ríos lampreeros más conocidos son el Miño, el Tambre y el Ulla, en Galicia; igual hay más, lo desconozco. El más reputado internacionalmente es el Garona, de ahí que la receta más popular de lamprea sea a la bordelesa, en la que la bicha se cuece en su propia sangre aderezada con vino, ajo, cebolla y laurel. El aspecto del plato no puede ser más desagradable, pero está buenísimo.

Sabe muy bien aunque no lo parezca

Sabe muy bien aunque no lo parezca

La temporada de la lamprea va de enero a abril, que es cuando remonta los ríos para procrear. No sé por qué no se pesca en el mar, el caso es que sólo se come en esa época. Y en abril ya empiezan a ser de peor calidad, de ahí el famosísimo dicho de “la lamprea, en marzo para el amo y en abril para el criado”, que se atribuye a Cunqueiro.

Ya los romanos consideraban este pequeño monstruo un manjar y lo consumían con fruición. Y cuentan que en la Edad Media se planteó un curioso dilema sobre la naturaleza de este animal que hubo de resolverse mediante bula papal. En un principio, no se ponían de acuerdo los ecologistas de la época en si clasificar la lamprea como carne o como pescado. Su aspecto ofídico y lo denso de su carne (es una bomba en el éstomago, lo más cercano que conozco en términos de potencia es la ventresca de atún) llevaban a muchos a decir que era producto cárnico. Esto suponía una gran putada, pues entonces habría que prohibir su consumo en Cuaresma, lo que reduciría la temporada a poco más de un mes. Obviamente, los ricachones, nobles, obispos y demás potentados no iban a permitir que se les privara de tan delicado manjar y recurrieron al Papa, que es infalible y lo sabe todo, para resolver la disputa. Como era de esperar, el santopadre dictaminó que era obvio que se trataba de un pez y por supuesto podía comerse en Cuaresma. Acertó esta vez.

Creo que la historia esta es leyenda urbana, ya que no he encontrado nada al respecto en Internet. Pero como mola, pues la cuento. En mi opinión, la leyenda viene porque muchos Papas, tan frugales ellos, eran muy amigos del consumo de este pez. Como Julio II, que se las comía a puñaos.

Otra posible fuente del bulo de la bula es que en el “Libro de Buen Amor” del Arcipreste de Hita, en el pasaje de la batalla de Doña Cuaresma contra Don Carnal, estrofa 1114, se incluye entre los aliados de la doña a: “Sábalos et albures et la noble lamprea de Sevilla”, que algún erudito dice que es una referencia a Leonor de Guzmán, favorita de Alfonso XI. De todo esto me acabo de enterar googleando un poco, que soy pedante pero no tanto, no se me asusten.

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