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Posts Tagged ‘volar’

Me ha quedado un poco blando el título de este post, en realidad no hay palabras para calificar a esta panda de egoístas insolidarios y descerebrados. Tomar de rehenes a los viajeros para reclamar no sé qué privilegios que el gobierno quiere quitarles no se hace. Repitan conmigo, señoritos controladores: eso-no-se-hace.

Como no podía ser de otra manera –últimamente me “como” todas las crisis aeroportuarias-, he sido uno de los cientos de miles de afectados por la huelga-motín-chantaje de los controladorcitos de los cojones. No les voy a aburrir con mis peripecias por el aeropuerto, que se las imaginarán, pero que conste que yo ahora mismo tenía que estar tirado en la nívea arena de una playa caribeña disfrutando de un merecido descanso, en lugar de aporreando el teclado para contarles mis penas. Por suerte, dentro de lo malo hemos conseguido salvar las vacaciones, aunque perdiendo dos días, no salimos hasta mañana. Toco madera, no sea que los gilipollas estos la monten otra vez y nos quedemos en tierra.

Salía ayer en la tele una controladora lagrimeando porque al parecer había ido la guardia civil a ponerla a controlar aviones a punta de pistola. Vaya drama. Chata, a mí no hace falta que vengan los GEOs a sacarme de la cama cada mañana para ir al curro, ya voy yo solito porque si no aparezco termino con mi enorme culo en la puta calle. Y casi cinco millones de españoles sueñan con que alguien les ponga a trabajar, sobre todo si es ganando el pastón que os lleváis. Lo que hay que oír, qué morro le echa la cacho cabrona esa.

Vacaciones en la terminal, cortesía de USCA

Todo esto no quita que el gobierno sea también culpable en parte de esta situación. Han gestionado toda esta larga crisis controladora de forma cuando menos chapucera, por no decir irresponsable. Se quejan los controladores, probablemente con razón, que el ministerio lleva todo el año imponiéndoles medidas abusivas a golpe de decretazo. Me contaba ayer un amigo que tiene un amigo controlador –así que esto es información de tercera mano, cójase con pinzas-, que uno de los problemas es que como Pepiño no sabe ni sumar (cosas de ser ministro sin tener título universitario), se hizo un lío a la hora de calcular las horas que tienen que trabajar los controladores. Cuando se dio cuenta, ya había algunos que habían superado el límite anual, con lo que estaba poco menos que pidiendo a estos trabajadores que curraran de gratis. Por eso ahora sale con la historia de no computar como horas trabajadas las de formación y de guardia, algo que que yo sepa no sucede en ningún otro empleo. Comprensiblemente, los controladores se han cabreado.

Pero por mucha razón que puedan tener y muy injustos que puedan ser los decretazos, eso no les da licencia para liarla de esa manera y jodernos a seiscientos mil ciudadanos que pasábamos por allí y no tenemos la culpa de la ineptitud de Pepiño. Encima con recochineo, reuniditos en el hotel Auditórium, como queriendo provocar que los linchen y convertirse en mártires. Qué listillos.

Se ha comentado mucho también que lo de poner en marcha el decreto en viernes de puente ha sido una imprudencia. O, pensando mal, una provocación calculada: les tocamos los huevos a los controladores, que con la mala leche que gastan los mamones seguro que arman un buen pollo y eso nos autoriza a meterlos en cintura y acabar con sus privilegios para siempre. Puede ser. Otra teoría conspiranoica que he oído es que además esto ha sido una maniobra para presentar a Rubalcaba como salvador ante la opinión pública. ¿Se han fijado que en toda la crisis Zapatero no ha dicho ni mú? ha sido siempre Alfredito el que ha dado la cara y el que parecía tomar todas las decisiones. Suena maquiavélico, pero igual es una manera de ir preparando el camino para que el superministro se convierta en candidato a presidente de aquí a un año. Tal vez.

Rubalcaba a los mandos. Chacón y Blanco mudos como estatuas. Zapatero ni está ni se le espera.

Por cierto, que ya podían haber decretado antes el estado de alarma ese. Mano de santo, oiga. Ha sido sacar a pasear a los militares y todos a currar sin rechistar. Que por mí tenían que haber ido al hotel el viernes por la noche y decir a los amotinados: elige, o a controlar o al puto calabozo. Que no se descarta que más de uno acabe en él de todas formas.

Resumiendo, que podemos hacer muchas cábalas sobre quién tiene razón en el plano laboral, y que desde luego nuestro incompetente desgobierno ha desmostrado una vez más su incapacidad para gestionar bien el país. Sin embargo, el veredicto es claro: no hay otros culpables del caos de estos días que los controladores. Hijos de la grandísima puta.

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Al loro con el parrafito que se han marcado los bandarras de RyanAir en su reciente publicidad en prensa, anunciando vuelos a Estocolmo:

Si alguien consigue descifrar lo que intentan decir, me lo explique. Me recuerda al memorable spam bancario que recibió Silcas hace tiempo, con el agravante de que esto se ha publicado en prensa nacional, que se supone que debe ser algo más serio.

O sea, pase que sean una aerolínea de bajo coste y que a cambio de precios de risa tiren por los suelos los estándares de calidad, pero cutrificar de esta forma los anuncios ya me parece pasarse. Que no cuesta tanto escribir bien, o que por lo menos se entienda, joder.

Además el anuncio es como mínimo engañoso porque los tíos con todo el morro te hablan de “21 horas de luz del día” y de “noches blancas” cuando el anuncio se publica un 31 de agosto y la oferta es para viajar en septiembre y noviembre (curiosamente octubre no está incluido, vaya usted a saber por qué):

HOYGAN, que lo de las noches blancas es en junio, señores. Que esto es como anunciar viajes de esquí a Baqueira en julio o semanita de sol y playa en Menorca en enero. Que en el periodo ofertado las noches son negras como la noche, valga la redundancia: el día más largo de septiembre tiene 14 horas y el más corto de noviembre menos de 7. Curiosamente 14 + 7 = 21, igual es así como han calculado el dato…

Y es que mienten como bellacos con lo de las 21 horas de luz, porque en Estocolmo el día más largo de 2010 –el 21 de junio- duró exactamente 18 horas, 38 minutos y 25 segundos, según indica timeanddate.com. Faltan dos horas y pico para las 21.

Claro que como en realidad tampoco te llevan a Estocolmo, igual resulta que en el apartado lugar donde aterrizan sí se llega a las 21 horas de luz, aunque lo dudo mucho. Porque el vuelo en realidad te deja en el aeropuerto de Västerås, que está nada más y nada menos que a 103 kilómetros de la capital sueca, ocupando el sexto puesto en el prestigioso ránking “los aeropuertos más en el quinto pino de la red de RyanAir” elaborado por fronterasblog.

Eso sí, el precio es cojonudo: 19,99 Euros por trayecto (supongo que 39,98 ida y vuelta, si no hay más trampas en la oferta), incluyendo tasas e impuestos. Una ganga, oiga, anímese, pero deprisita que encima los mamones te dan sólo 2 días de plazo, hay que reservar antes del 2 de setiembre… ah! y sólo se puede ir desde Alicante o Girona. Me pregunto entonces para qué anunciarán esto en una edición de Madrid.

Aquí tienen el anuncio completo. Vaya chapuza, como para echar a la calle al departamento de márketing en bloque..

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Ayer tuve otra interesante experiencia de las que le enamoran a uno del maravilloso placer de volar. Pa empezar, madrugón olímpico para pillar el vuelo de AirEuropa con salida a las 7:05 de la mañana. Que no son horas, oigan.

Uno, que es previsor, viendo que había nevado en Madrid toda la tarde-noche del domingo, adelanta la salida de casa por si hay caos en la M-40, no sea que pierda el vuelo. Así que el móvil toca diana a las 04:30, qué sensación tan gratificante para un Lunes; cojo el coche y con la intrepidez y firmeza propias de conductor experimentado con 14 puntos, voy sorteando rotondas a 3 bajo cero y nieve hasta las orejas. Me culea un poco el vinículo sin llegar a más. Por suerte la M-40 está bastante bien y libre de nieve, llego a Barajas con tiempo de sobra.

Así de mal estaba la cosa

Una vez en la puerta de embarque nos hacen esperar un poco más de lo habitual, pero a los 20 minutos embarcamos. Quién dijo que Barajas es un caos cuando nieva. Ya cuando todo el pasaje está cómodamente (bueno, todo lo cómodamente que se puede estar en un avión) sentado y me preparo para escuchar atentamente el discursito habitual en tres idiomas sobre cómo abrocharse el cinturón y ponerse el chalequito, nos habla el piloto. Que va a ser que todavía no salimos, que aún no nos han dado hora y no se sabe cuándo nos la darán, habrá que esperar. Añade, en tono audiblemente cabreado, que la culpa no es sólo de la nevada y la niebla, sino también de una “huelga encubierta ilegal” de los controladores.

Que manda huevos que un piloto se cabree por la huelga -encubierta e ilegal o no- de otro colectivo, con las que montan ellos de vez en cuando, panda de cabrones. En cualquier caso, repasando la prensa de hoy no veo que ningún medio aluda a esa posible huelga (algo que sí se había denunciado en días pasados), así que me da que el comandante nos contó una milonga. Aunque este “diario de una nevada” aparecido en El Confidencial y supuestamente escrito por un controlador, además de la noticia que ha soltado hoy Pepiño, dan que pensar que igual sí que hay más que tiranteces entre los controladores y AENA, lo cual seguramente contribuyó a alargar nuestro doloroso confinamiento en la aeronave.

Y es que dos horas después de embarcar allí seguíamos, pacientemente esperando que a nuestro capitán le dieran hora pa despegar. Algunos pasajeros se bajan del avión a pesar de las advertencias de que perderían el billete si lo hacían. Las azafatas y azafatos reparten agua amablemente y luego pasan el carrito por si alguien quiere algo más sólido. Pero cobrando, eso sí, que vaya cabreo se cogió alguno con el feo detalle. El pobre azafato se excusaba como podía: “no, si yo por mí le regalaba el bocata, pero no me dejan”. Tanto insistió la gente que al final, ya a las tres horas de embarcados, el alto mando accedió a que nos dieran café gratis. En vasos de plástico, que no hay tazas pa tós.

En ese momento nuestro líder anuncia que le han informado de que en una hora salimos. Venga, que ya falta poco. Menos mal que me había cogido varios periódicos al embarcar y pude matar el tiempo sin aburrirme demasiado. Que había algunos que te ponían de los nervios con sólo mirarlos: caminando arriba y abajo del pasillo, mirando el reloj compulsivamente, preguntando a las azafatas –que lógicamente no tenían ni puñetera idea de cuándo saldríamos-, cagándose en las putas madres del piloto, los controladores y Pepiño Blanco, etc. Otros pasaban el rato escribiendo largas parrafadas en las hojas de reclamaciones.

Yo esta vez me lo tomé con muuuuuucha tranquilidad. Por un lado, ya tengo los cojones renegríos del humo de mil batallas, y a base de darme cabezazos contra múltiples muros he aprendido que poco se gana en estas situaciones poniéndose borde. Y por otro, tampoco tenía ninguna reunión superimportante ni el retraso me afectaba más allá que para quitarme horas de mi jornada laboral, así que por mí, como dice la canción, “let it snow, let it snow, let it snow”. A dormir y a esperar novedades.

Ha pasado hora y media desde que el comandante anunciara que en una hora salíamos, cuatro y media desde que nos metieron en el avión, y ahí estamos. Se han acabado el agua y los víveres, el aire está cada vez más viciado y cuesta respirar. Presas de la desesperación, comenzamos a devorarnos unos a otros. No, es broma, tampoco estaba tan mal el patio, aunque a más de uno se le veía a punto de hacer una locura.

Tras casi cinco horas amorraos al finger (que por cierto, no sé por qué en España les llamamos así si en inglés –al menos en USA- les dicen jetway o jet bridge), el avión se pone en marcha. Salva de aplausos entre el pasaje. Rodamos hacia la pista y en un momento dado nos paramos. Pasamos diez o quince minutos quietos y la gente se teme lo peor. Habla el capitán: que ahora hay que esperar a que descongelen el avión, que hay cola. Más paciencia. Que además yo, en mi profunda ignorancia, no termino de entender lo de descongelar el avión: si cuando vuelan a 10.000 metros de altura allá arriba hará como 40 ó 50 bajo cero y no pasa nada, por qué hay que descongelarlos cuando en tierra hace 4 ó 5 negativos?? algún ingeniero me lo explique, plis.

Total, que nos descongelan, que es algo mucho menos espectacular de lo que cupiera suponer: básicamente suben a un pavo a una grúa para que enchufe anticongelante a presión con una manguera. Visto desde dentro del avión es un poco como estar en un autolavado.

Así se descongela un avión

Finalmente, algo así como cinco horas y media más tarde de lo previsto, despegamos. Oh, qué maravillosa sensación sentir cómo se abandona el duro y frío suelo para surcar los aires libre cual paloma de la paz!! La ovación es ahora atronadora, a alguno se le escapa una lagrimita. Final feliz.

Lo que no entiendo muy bien es por qué nos embarcaron sin tener hora para despegar, hubiera sido mucho más grato afrontar el retraso desde la comodidad de la sala VIP, atiborrándome a pastelillos y snacks varios por la jeta. Pero bueno, hace mucho tiempo que dejé de intentar entender las decisiones de las aerolíneas, parece que siguen firmes en su eterna consigna: puteemos al pasajero todo lo posible, que por algo los billetes son cada vez más baratos y perdemos dinero a espuertas.

También me sorprendió que el retraso fuese tan larguísimo comparado con el del pasado 21 de diciembre, día en que cogí ese mismo vuelo y también nevaba en Madrid. En mi modesta opinión de observador meteorológicamente analfabeto, ese día nevó más que ayer, o al menos se veía bastante más nieve tanto en la M-40 como en las pistas de Barajas. Y sin embargo en esa ocasión “sólo” nos tuvieron hora y media en el avión, por culpa de la espera para la puta descongelación, que a ver si se compran más estaciones descongelatorias de esas. Tal vez es cierto lo de la huelga de controladores que denunciaba el piloto y por eso hubo más retraso ayer. O simplemente fue otra muestra de la ancestral confabulación judeomasónica que une a pilotos, controladores, seguratas, maleteros y directivos de aerolíneas en pos de un ideal: si quieres volar, a pasar por el aro.

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Se veía venir. Tanto viajecito tenía que darme un disgusto tarde o temprano, y llevaba una racha demasiado buena de llegadas en hora y ausencia de trastornos significativos –quitando la tomadura de pelo de Vueling-, así que era cuestión de tiempo.

Cuando vuelo por trabajo rara vez facturo equipaje, como son sólo 3 ó 4 días fuera de casa me suele caber todo en el carry-on. Pero esta vez concatenaba dos viajes seguidos, con lo que eran 10 días fuera y por mucho que optimizara las prendas tenía que llevar maleta grande. A facturar tocan y a encomendarse a todos los santos para que no haya problemas. No funcionó y AirEuropa me la perdió. Qué putada, mi Brigada.

Que manda huevos perder una maleta en un vuelo directo. Si uno hace 1 ó 2 escalas y alguna de ellas es un poco justita de tiempo, pues puede entenderse que el equipaje pierda la conexión o se hagan la picha un lío y lo manden a otro sitio. Pasa con frecuencia. Pero en vuelo directo parece como que no debería ocurrir, no? Pues ocurrió, y durante dos días no dio señales de vida, “Missing In Action” total. Al tercer día, como vaticinaran los profetas, apareció. Just in time para llevármela al siguiente destino.

Ya me imaginaba a mi maleta para siempre sepultada bajo un montón como este

Los muy cabrones, aparte del “sentimos las molestias” con sonrisa profidén de la amable señorita que atendió mi reclamación, te dan 100 míseros euros con los que comprarte ropa y útiles de aseo personal. Que además no te los dan directamente, sino que ahora tengo que enviar las facturas y hacer papeleos varios para reclamarlos, qué pereza. Encima seguro que se me olvida algún detalle o papelote y terminan escaqueándose y sin darme un duro. Menos mal que mi sabia y previsora empresa tiene suscrito un seguro al efecto que aporta otros 375 Euros más, con eso ya se puede hacer algo.

Así que ahí estaba yo, en Roma con 10 días de viajes por delante, con lo puesto y la incertidumbre de cuándo aparecería mi valija. Por suerte, cerca de la oficina del cliente hay una zona comercial, así que salí pronto del curro y me puse a hacer compritas. Lo primero, ropita interior, que es lo más urgente. Tras patearme cinco manzanas y ver cuatro tiendas de lencería femenina por ninguna de masculina se me ocurrió plantearme que igual en alguna de ellas tenían de ambos sexos, en contra de lo que sugerían los escaparates, dedicados 100% a ellas. Entré, por primera vez en mi vida, en Intimissimi –que vaya cursilada de nombre- y una amable ragazza superfashion me confirmó que sí, que había boxers y tangas pa maromos. Me sacó una amplia selección de formas y colores que aturdieron y saturaron mi rudimentario cerebro de macho ibérico alérgico a la moda. Que no guapa, que no me líes, que yo soy de gayumbo blanco de toda la vida, tipo Ocean o similar. También tenía de esos, albricias.

Camisas y calcetines fueron más fáciles, había muchas tiendas donde elegir y de gusto bastante decente, nada de fantasías metrosexuales ni tallas para anoréxicos, y a precios muy razonables.

Luego el material de aseo. Pan comido. En el primer Súper que vi tenían de todo. Eso sí, me hice una vez más un lío con las espumas de afeitar y terminé comprando un gel con aceites de cacao o no sé qué polladas, así que al día siguiente me olía el careto a una vaga esencia tropical inidentificable. No alcanzo a entender a quién le puede gustar eso.

Ya me temía que tendría que hacer una nueva compra cuando, en los minutos de descuento y con nocturnidad y alevosía, a las 11 de mi última noche en Roma, recibí con alborozo la buena nueva y pude fundirme en un abrazo con mi maletita querida.

Al final la broma no fue tan terrible. Si todo va bien me devolverán toda la pasta porque no superé el presupuesto de ambos seguros, y la experiencia me sirvió para meditar sobre lo apegados que estamos a las cosas materiales que luego resulta que son fácilmente sustituibles. Cuando me enteré de que mi maleta estaba en el limbo aeroportuario me sentí tremendamente frustrado y desvalido: “Y qué hago yo ahora?”, “con la de cosas que llevaba que necesito”, “dónde encuentro yo tiendas con lo ocupado que ando”, etc. Una vez pasado el mal trago y yendo a lo práctico, me di cuenta de que tampoco habría perdido nada que no pudiera volver a comprar, y de hecho más de una camisa está ya un poco más pallá que pacá. Comprando cuatro cosas sobreviví sin problemas esos 2 días, un argumento más para viajar ligero de equipaje y no tener que arriesgarse a facturarlo. O no, si total da igual.

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No suelo –por fortuna- viajar mucho en Vueling, pero el finde pasado pasé por dicho trance y terminé entonando a grito pelao el ya famoso “Nunca Mais”; que vuele con ellos su puta madre, vaya impresentables.

Ya me habían advertido que esta aerolínea es asidua de ciertas prácticas cancelatorias de dudosa ética para optimizar el pasaje de sus vuelos, aunque nunca las había sufrido en mis carnes. Los muy cabronazos debían tener mi vuelo medio vacío y decidieron fusionarlo con el siguiente… que salía 4 horas después. Medio sábado a la mierda, mecagüen su calavera.

La versión oficial fue que hubo un “fallo técnico en el avión” y claro, “por su seguridad tenemos que cambiar el aparato, no sea se nos caiga”. Y un huevo. Estoy hasta los mismísimos de que se utilice la sacrosanta seguridad como excusa para putear al pasajero. Porque a ver, fíjense ustedes qué casualidad: el vuelo de la mañana se retrasa por fallo técnico en el avión y curiosamente hay un nuevo avión disponible justito justito a la misma hora que el siguiente vuelo programado, el cual, vaya usted a saber por qué, se ha cancelado y terminamos todos volando juntitos. No se lo cree ni Caperucita.

Y es que la jugada es redonda: a los pasajeros del vuelo del mediodía les dijeron que su vuelo estaba cancelado, pero que no se preocuparan, que podían coger el avión a la misma hora programada, sólo que con otro número de vuelo. Así, nadie reclama, porque al final lo que importa es llegar en hora y te la suda el número de vuelo que pongan. Y a los pasajeros de la mañana nos contaron la milonga del fallo técnico y oficialmente volamos en el vuelo que nos correspondía, con cuatro horas de retraso. Así que no podemos reclamar por cancelación porque oficialmente nuestro vuelo voló. Y por retraso sólo te sueltan un vale para la cutrecafetería de la T4 y a correr. Vaya morro.

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Aún así, una voluntariosa abogada estaba recogiendo firmas y emailes para meterles un paquete a los de Vueling. No creo que prospere, porque se conocerán bien los tecnicismos del tema y seguro que les es sencillo encontrar cualquier pijada que justifique el supuesto “fallo técnico” que da coartada a su cancelación encubierta de retraso. Pero yo me apunté, por si suena la flauta y cae algo, ya veremos. Reunimos cantidad de nombres porque la gente estaba –con razón- quemadísima; yo por suerte me fui a casa a descansar y volví al aeropuerto cuatro horas después fresco cual lechuga recién lavada, con lo que al final tampoco me jodieron tanto…

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El finde pasado fuimos a Oviedo a la boda de un amigo. Lo pasamos fenomenal y nos pusimos cerdos a comer de todo, nunca pensé que la fabada entrara tan bien en verano; y hasta tuvimos muy buen tiempo, incluso demasiado calor diría yo.

Dado que somos personas cultivadas e inquietas por naturaleza, aprovechamos la coyuntura para pasear por la ciudad y descubrir sus rincones, que la verdad es que los hay bastante majos, sobre todo por la catedral y el mercado el Fontán. Claro que entre una paradita cultural y otra caía una botellita de sidra en algún bareto, lo cual animaba bastante la excursión. Todo muy típico, sólo faltó ver un adhesivo de estos.

No perdonamos la visita (y foto preceptiva haciendo el ganso) a la estatua de Woody Allen, permanentemente rodeada de un enjambre de yanquis frikis que vaya usté a saber qué se les ha perdido en Asturies. La verdad es que como estatua, pues bueno, pues francamente, pero había que hacer la gracia y poner la cruz en la casillita.

Esta foto debe ser de hace algún tiempo, porque ahora la estatua está sin gafas, algún vándalo se las ha roto

Esta foto debe ser de hace algún tiempo, porque ahora la estatua está sin gafas, algún vándalo se las ha roto

En el emplazamiento de la réplica de Woody hay un par de detalles que seguro que se escapan a la mayoría de turistas, obnubilados en panegírica adulación de su amado ídolo, pero que no pasaron desapercibidos a mi entrenado ojo de experto buscador de extravagancias.

En primer lugar, el nombre de la calle donde está lastatua, como sacado de otra época:

¡Toma memoria histórica!

¡Toma memoria histórica!

Que digo yo que en los tiempos que corren, y siendo esta una calle bastante visitada debido a la referida escultura, podrían cambiarle el nombrecito y que los turistas no se lleven una imagen de España de panderetas y tricornios. Y además lo tienen a huevo: llamen a la calle “Paseo del Woody” o similar y seguro que encima aumentarían las hordas frikigafapastosas que vienen a adorar al pavo este.

(Actualización: investigando por la wé me he percatado que el nombre de la calle no es lo que parece. Las milicias nacionales esas son de la época de las guerras carlistas (se ve que luchaban contra los partidarios de dicha causa). Aunque es muy sospechoso que se diera ese nombre a la calle en febrero de 1937, da la sensación que se buscaba el equívoco con la contienda que entonces asolaba el país. Más datos en este link.)

Pero eso no es todo. En la esquina de la derecha -según mira Allen- puede verse un cartel que parece sacado de una de sus películas:

CAOv

Joder. Qué buena idea. Un centro en Oviedo donde los asturianos que estén exiliados en esta ciudad puedan reunirse a recordar su tierra y ahogar la morriña en sidrina. Oh, wait!, que resulta que Oviedo está en Asturias…hmmm… esto me huele a que alguien se ha llevado una buena subvención por la patilla.

Aunque igual no es mala idea. Voy a proponer la creación del Centro Madrileño de Madrid, a ver si cuaja. Esta tarde llamo a la Espe y nos ponemos con ello.

En fin, que mu gonito todo y una boda preciosa. Lo único que chafó un finde redondo fue el viaje de vuelta. Una vez más, los cabronazos de Iberia al quite para recordarte que la vida es dura y no todo va a ser color de rosa. Por lo menos son consistentes, no fallan nunca. A la hora y pico de retraso del avión se añadieron 45 minutos de surrealista búsqueda de nuestra maleta por toda la T4, pues algún despistado la envió a la cinta que no era. Al final la encontramos en una cinta de la zona no-Schengen, tuvimos que pasar aduana y todo. A ver si va a ser que Oviedo ya no es España y tenían razón los que montaron el centro asturiano ese…

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Con la tragedia del avión de Air France han salido a la luz todo tipo de teorías absurdas (brillantemente desmontadas aquí por barbijaputa), historias melodramáticas, detalles morbosos, datos inventados, etc. En fin, el circo habitual que montan los medios cuando hay carnaza, nada nuevo.

A mí lo que más me ha llamado la atención es esta curiosa anécdota:

Recorte gentileza de El Mundo

Recorte gentileza de El Mundo

Joder con los suecos, vaya par de paranoicos. Yo cogía al padre, que es el que ha sobrevivido, y le hacía un examen psiquiátrico pero ya, este tío no puede estar bien. A saber qué otras extrañas manías le mete en la cabeza a la pobre niña.

Es que sólo de imaginarlo se me ponen los pelos como escarpias: con lo complicada que puede llegar a ser la logística de un viaje –y encima con niños-, vamos a liarlo un poco más y a volar en aviones separados, toma ya. Doble posibilidad de retraso, de overbukin, de pérdida de maletas… y de accidente.

Porque es que no termino de entender el objetivo de la chorra-táctica esta. Si hubieran volado todos juntos, o bien se habrían salvado todos, o bien la espichaban todos, pero ahora se queda la niña semihuérfana y el pavo viudo, y la otra mitad de la familia, fiambre. Eso sí que es una familia desestructurada. No suena muy inteligente, no?

Por no meterme en que las probabilidades de sufrir un accidente de avión son tan bajas que incluso si esta estrategia tuviera algún sentido sería cuando menos grotescamente exagerada, como matar moscas a cañonazos.

Muchas grandes empresas tienen reglas similares, tipo “nunca pueden viajar juntos el director financiero, el presidente y el consejero delegado”. Eso me sigue pareciendo exagerado, aunque más entendible, no es lo mismo. Al fin y al cabo una empresa puede asumir los costes extra de la medida, y no es lo mismo volar separado de tu mujer que de tu jefe…

Imagino que esta pintoresca pareja, si además de paranoicos eran coherentes, seguiría una táctica similar para otro tipo de desplazamientos: ir siempre en coches separados, nunca montarse juntos en el metro, coger ferrys distintos o caminar cada uno por una acera. Incluso podrían ir más lejos y nunca cenar en el mismo restaurante, no sea que se intoxiquen, ni alojarse en el mismo hotel, por si se incendia o, ya puestos, viajar a ciudades diferentes, no vaya a haber un terremoto o caer un meteorito. Cualquiera de esas desgracias probablemente sea más frecuente que un accidente de avión.

Llevado al extremo, directamente tenían que haberse separado hace tiempo y punto, cada uno con un vástago. O mejor, ni casarse, no sea que luego se lleven mal y causen un trauma a los niños.

¡Cuánto loco hay suelto!

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